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ARTÍCULO 62. ¿Con barefoot se pasa más frío?

17 de agosto de 2026 por
JAVIER SALINERO MARTÍN

Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN

"Sentir más el suelo no significa sentir más frío. Nuestro sistema nervioso y nuestra circulación hablan idiomas diferentes."

Hay una pregunta que aparece una y otra vez cuando alguien descubre el calzado barefoot.

"¿Pero con una suela tan fina no se te quedan los pies helados?"

Es una duda completamente lógica.

Durante años nos han enseñado que cuanto más gruesa sea la suela, mejor aislado estará el pie.

Más espuma.

Más protección.

Más calor.

Sin embargo, el cuerpo humano no regula la temperatura de una forma tan sencilla.

Y aquí conviene diferenciar dos conceptos que solemos confundir.

Sentir el frío.

Y pasar frío.

No siempre significan lo mismo.

Lo que dice la ciencia

La sensación de frío y la temperatura real del pie no son exactamente lo mismo.

Nuestro sistema nervioso detecta los cambios de temperatura mediante receptores especializados situados en la piel.

Por eso, cuando utilizamos una suela más fina, percibimos con mayor claridad si el suelo está frío o caliente.

Pero percibir una temperatura no significa necesariamente que el pie esté perdiendo más calor.

La temperatura de los tejidos depende, sobre todo, de la circulación sanguínea.

Y esa circulación está influida por muchos factores.

La actividad muscular.

El movimiento.

La temperatura ambiental.

La humedad.

E incluso el estado general de salud de cada persona.

En otras palabras.

Un pie puede notar perfectamente que el suelo está frío y, aun así, mantener una temperatura adecuada.

¿Por qué nace este mito?

Porque nuestro cerebro suele mezclar dos sensaciones distintas.

Si notas más el frío del suelo...

Es fácil pensar que también estás pasando más frío.

Pero no siempre ocurre así.

Es parecido a entrar en el mar.

Los primeros segundos el agua parece helada.

Sin embargo, unos minutos después la percepción cambia aunque la temperatura del agua siga siendo exactamente la misma.

El sistema nervioso se adapta.

Con el barefoot sucede algo parecido.

La mayor sensibilidad del pie hace que recibamos más información del entorno.

Eso no significa que el cuerpo pierda automáticamente su capacidad para conservar el calor.

Lo que veo cada día en consulta

Como podólogo especialista en biomecánica, muchas personas llegan convencidas de que una suela fina implica necesariamente unos pies más fríos.

Sin embargo, cuando realizan una transición progresiva, la mayoría descubre algo curioso.

Durante los primeros días perciben mucho más la temperatura del suelo.

Pero, con el paso de las semanas, esa sensación deja de llamar tanto la atención.

No porque el suelo haya cambiado.

Sino porque el cerebro aprende a interpretar esa información con normalidad.

También observo que muchas personas que refieren tener siempre los pies fríos presentan otros factores que explican mucho mejor el problema.

Problemas circulatorios.

Calzado excesivamente estrecho que comprime los dedos.

Calcetines demasiado ajustados.

Muy poca movilidad durante la jornada.

O determinadas enfermedades que afectan al flujo sanguíneo.

En esos casos, el grosor de la suela rara vez es el verdadero protagonista.

La idea con la que me gustaría que te quedaras

Hay una reflexión que suelo compartir con mis pacientes.

Sentir más no significa sufrir más.

El barefoot permite que el pie reciba más información del entorno.

Eso incluye notar mejor la textura del suelo.

La temperatura.

La inclinación.

Y las pequeñas irregularidades de cada superficie.

Pero una mayor sensibilidad no significa una peor protección.

Al contrario.

Muchas veces significa que el sistema nervioso vuelve a recibir información que llevaba años filtrada por varios centímetros de espuma.

Y esa información también forma parte de una buena biomecánica.

Lo que realmente mantiene caliente un pie

Existe una idea que me gusta explicar en consulta.

El mejor sistema de calefacción de un pie no está en la zapatilla.

Está dentro del propio cuerpo.

Cuando caminamos, los músculos trabajan.

La circulación aumenta.

Los tejidos reciben más sangre.

Y el organismo ayuda a conservar la temperatura.

Por supuesto, el calzado también influye.

Los materiales.

La protección frente al viento.

La impermeabilidad.

Y unos buenos calcetines técnicos pueden marcar una enorme diferencia.

Pero reducir todo el problema a los milímetros de la suela sería simplificar demasiado cómo funciona el cuerpo humano.

Qué puedes hacer

  • Si vas a utilizar barefoot en épocas frías, elige un modelo adecuado para la estación y con materiales que protejan del viento y la humedad.

  • Utiliza calcetines de calidad, preferiblemente de lana merina o fibras técnicas con buena capacidad de termorregulación.

  • Evita un calzado que comprima los dedos. Una buena circulación necesita espacio para que el pie pueda moverse con naturalidad.

  • Mantente activo siempre que puedas. Un pie en movimiento genera mucho más calor que un pie inmóvil.

  • Si notas los pies fríos de forma persistente, consulta con un podólogo para descartar problemas circulatorios u otras causas médicas.

Conclusión

El barefoot no hace que pases más frío por definición.

Lo que hace es permitir que tus pies perciban mejor el entorno.

Y sentir una temperatura no significa necesariamente perder calor.

Como podólogo especialista en biomecánica, intento recordar siempre que el cuerpo humano es mucho más inteligente de lo que a veces pensamos.

No regula la temperatura únicamente por el grosor de una suela.

La regula gracias a un sistema complejo en el que intervienen la circulación, el movimiento y la extraordinaria capacidad de adaptación del organismo.

Porque, muchas veces, el mayor cambio no está en la temperatura del pie.

Está en aprender a interpretar correctamente las sensaciones que nuestros pies nos llevan años intentando transmitir.

Y cuando entiendes esa diferencia, descubres que el barefoot no enfría tus pies.

Simplemente deja de esconderte la información que siempre estuvo ahí.

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