Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN
"Una plantilla no debería intentar construir el pie que imaginamos. Debería ayudar al pie que tenemos delante."
"Doctor, ¿necesita plantillas?"
Es una pregunta que aparece casi automáticamente cuando unos padres escuchan las palabras pie plano.
Muchos llegan convencidos de que la plantilla será el siguiente paso.
Otros sienten miedo si alguien les ha dicho que, sin ella, el pie "se deformará para siempre".
Entiendo perfectamente esa preocupación.
Cuando hablamos de nuestros hijos queremos hacer todo lo posible para ayudarles.
Pero antes de responder, siempre intento detener la conversación un momento.
Porque la pregunta más importante no es si un niño tiene el pie plano.
La pregunta realmente importante es otra.
¿Qué problema queremos resolver con la plantilla?
Una herramienta con un objetivo
Imagina unas gafas.
No se prescriben porque los ojos sean diferentes.
Se prescriben cuando ayudan a una persona a ver mejor.
Con las plantillas ocurre algo parecido.
No deberían utilizarse simplemente porque un pie tenga una forma determinada.
Su indicación depende de si pueden mejorar una función.
Reducir dolor.
Disminuir una sobrecarga.
Facilitar una actividad.
Aumentar la comodidad en determinadas circunstancias.
La herramienta siempre debe responder a una necesidad concreta.
Nunca a una imagen aislada.
La forma no siempre necesita corregirse
Durante muchos años se asumió que un pie plano infantil debía modificarse cuanto antes.
La intención era buena.
Se pensaba que, si conseguíamos "crear un arco", evitaríamos problemas futuros.
Sin embargo, la investigación de las últimas décadas ha cambiado nuestra manera de entender el desarrollo del pie.
Hoy sabemos que la mayoría de los pies planos flexibles y asintomáticos evolucionan de forma natural con el crecimiento, sin que exista evidencia sólida de que las plantillas cambien el desarrollo del arco plantar.
Eso no significa que las plantillas no sirvan.
Significa que debemos utilizarlas por las razones adecuadas.
Ayudar no siempre significa corregir
Una plantilla puede modificar la distribución de las cargas.
Puede cambiar algunos patrones de movimiento.
Puede aliviar tejidos que están soportando demasiada demanda.
Puede mejorar el confort durante determinadas actividades.
Todo eso puede ser enormemente útil.
Pero ninguna de esas funciones consiste en "fabricar" un pie perfecto.
La biomecánica moderna ha dejado de perseguir formas ideales.
Prefiere ayudar al organismo a desenvolverse mejor dentro de su propia realidad.
Y esa diferencia cambia completamente la forma de entender el tratamiento.
Cada niño escribe una historia distinta
Dos niños con una huella muy parecida pueden necesitar decisiones completamente diferentes.
Uno corre, juega y no presenta ninguna molestia.
Otro siente dolor al caminar largas distancias.
Uno disfruta de todas las actividades físicas.
Otro evita correr porque termina agotado o incómodo.
Si únicamente observamos la forma del pie, ambos parecen iguales.
Cuando observamos cómo viven y cómo se mueven, descubrimos que su historia es diferente.
Y el tratamiento también debe serlo.
¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?
Muchísimo.
Algunas personas creen que barefoot y plantillas son conceptos incompatibles.
No es cierto.
Ambos son herramientas.
Y, como cualquier herramienta, pueden tener sentido en momentos distintos.
Puede haber un niño que necesite temporalmente una ayuda para aliviar una sobrecarga y que, al mismo tiempo, se beneficie de un calzado que permita una buena movilidad de los dedos y del pie.
También puede haber un adulto que utilice barefoot para la mayor parte de su vida diaria y recurra a una plantilla durante un proceso de recuperación concreto.
La biomecánica no enfrenta herramientas.
Las combina cuando es necesario.
Porque el objetivo nunca ha sido defender un objeto.
Siempre ha sido ayudar a una persona.
Lo que veo cada día en consulta
Una de las frases que más repito es esta:
—No voy a decidir por la forma de tu pie.
Voy a decidir por cómo funciona.
A veces eso significa recomendar una plantilla.
Otras veces significa tranquilizar a una familia y explicar que el desarrollo sigue su curso normal.
Y, en muchas ocasiones, significa acompañar, observar y reevaluar antes de intervenir.
He comprobado que la mejor decisión no suele ser la más rápida.
Suele ser la que mejor respeta el momento biológico que atraviesa ese niño.
Qué puedes hacer desde hoy
Si alguna vez te recomiendan unas plantillas para un niño, no tengas miedo de hacer una pregunta sencilla.
¿Qué función concreta pretenden mejorar?
Si la respuesta habla únicamente de la forma del arco, probablemente falte una parte importante de la conversación.
Si la respuesta explica cómo ayudarán al niño a caminar, jugar, reducir molestias o mejorar su función, entonces estaréis hablando el mismo idioma.
Porque entender el objetivo del tratamiento es el primer paso para tomar una buena decisión.
🔬 En una frase
Las plantillas tienen sentido cuando mejoran una función. No cuando intentan corregir una forma que, por sí sola, no representa un problema.
La idea más importante
Las plantillas son una herramienta terapéutica de enorme valor cuando están bien indicadas.
Pueden aliviar el dolor, redistribuir cargas, facilitar el movimiento y mejorar la calidad de vida de muchas personas.
Pero su utilidad no depende de la existencia de un arco más alto o más bajo.
Depende de las necesidades del organismo que las utiliza.
En el pie infantil, especialmente cuando hablamos de un pie plano flexible sin síntomas, la evidencia científica actual nos invita a actuar con prudencia.
Observar el desarrollo.
Valorar la función.
Escuchar al niño.
Y decidir solo cuando exista una razón clínica para hacerlo.
Porque el mejor tratamiento no es el que más modifica un pie.
Es el que más ayuda a una persona.
Una pregunta para reflexionar
Piensa en cualquier ayuda que hayas utilizado en algún momento de tu vida.
Unas gafas.
Una muleta.
Un cinturón lumbar después de una lesión.
¿La utilizabas para cambiar quién eras… o para hacer mejor aquello que necesitabas hacer mientras tu cuerpo lo requería?
Quizá con las plantillas ocurra exactamente lo mismo.
En el próximo artículo…
Existe otra pregunta que escucho con frecuencia tanto en consulta como fuera de ella.
"¿Las plantillas debilitan el pie?"
Hay quien afirma que acostumbran al organismo a depender de ellas.
Otros sostienen que pueden utilizarse sin ninguna consecuencia.
Como suele ocurrir en biomecánica, la realidad es mucho más interesante que cualquiera de los extremos.
En el próximo capítulo descubriremos que ninguna herramienta fortalece ni debilita por sí sola. Lo que realmente cambia al organismo es la cantidad de trabajo que cada tejido realiza mientras la utiliza.
Porque, al igual que sucede con el calzado, la pregunta nunca debería ser si una plantilla es buena o mala. La pregunta es qué función está asumiendo… y si el cuerpo necesita asumir más o menos en ese momento.