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ARTÍCULO 49 El pie plano infantil no siempre necesita corregirse

4 de agosto de 2026 por
JAVIER SALINERO MARTÍN

Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN

"El arco plantar no es un objetivo que el cuerpo deba alcanzar. Es la consecuencia de un proceso de desarrollo que cada niño recorre a su propio ritmo."

"Doctor, ¿cuándo le va a salir el arco?"

Una madre me hizo esta pregunta mientras su hijo jugaba descalzo por la consulta.

Corría.

Saltaba.

Se ponía de puntillas.

Giraba sobre sí mismo.

Subía y bajaba del escalón de exploración como si fuera una montaña.

Mientras ella observaba sus pies.

Yo observaba cómo se movía.

Cuando terminó de jugar le pregunté:

—¿Se queja de dolor?

—No.

—¿Se cansa más que otros niños?

—No.

—¿Ha dejado de hacer alguna actividad por culpa de sus pies?

—No.

Entonces le respondí.

—Quizá el problema no sea el arco. Quizá el problema sea que estamos mirando el lugar equivocado.

Un pie plano no siempre es un pie enfermo

Existe una asociación muy frecuente.

Pie plano significa problema.

Pero la realidad es bastante más compleja.

Durante los primeros años de vida es completamente habitual que el arco plantar apenas se aprecie.

La presencia de tejido adiposo en la planta del pie, la inmadurez del sistema musculoesquelético y el propio proceso de desarrollo hacen que muchos niños presenten una apariencia de pie plano.

Y eso, por sí solo, no indica enfermedad.

Es, simplemente, una etapa del desarrollo.

El arco aparece como consecuencia

Muchas personas imaginan que el arco plantar surge de repente, como quien enciende un interruptor.

No ocurre así.

El pie cambia poco a poco.

Los huesos crecen.

Los músculos maduran.

Los ligamentos aumentan su capacidad para controlar el movimiento.

El sistema nervioso aprende estrategias cada vez más eficientes.

El niño corre.

Salta.

Juega.

Explora.

Todo ese proceso contribuye a que el arco vaya definiéndose progresivamente.

No aparece porque llegue una determinada edad.

Aparece como consecuencia del desarrollo.

La forma no siempre explica la función

Imagina dos puentes.

Desde lejos parecen idénticos.

Sin embargo, uno soporta perfectamente el paso de cientos de vehículos y el otro presenta problemas estructurales.

La apariencia no siempre revela el funcionamiento.

Con los pies ocurre algo parecido.

Dos niños pueden tener un arco muy parecido.

Uno moverse con absoluta normalidad.

El otro presentar dolor, fatiga o dificultades para determinadas actividades.

Y también puede ocurrir lo contrario.

Un pie aparentemente plano puede ser perfectamente competente.

La biomecánica nos recuerda una idea que ha acompañado todo este libro.

La función siempre merece más atención que la forma.

¿Cuándo conviene valorar un pie plano?

Que muchos pies planos infantiles formen parte del desarrollo normal no significa que todos deban ignorarse.

Existen situaciones que merecen una valoración profesional.

Cuando aparece dolor.

Cuando existe una limitación importante para jugar o caminar.

Cuando el pie es rígido y apenas permite movimiento.

Cuando la deformidad progresa de forma llamativa.

O cuando aparecen diferencias importantes entre ambos pies.

No porque el arco sea el problema.

Sino porque el organismo está ofreciendo información que conviene interpretar.

La observación sigue siendo mucho más útil que la alarma.

¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?

Muchísimo.

Un pie que todavía está aprendiendo necesita oportunidades para moverse.

Para utilizar sus dedos.

Para percibir el terreno.

Para reorganizar constantemente su equilibrio.

Un calzado excesivamente rígido o muy limitante puede reducir parte de esas oportunidades.

Eso no significa que todos los niños deban utilizar exclusivamente calzado barefoot.

Significa que, cuando las condiciones lo permiten, un calzado que respete la movilidad natural del pie suele favorecer un desarrollo más libre de sus funciones.

El objetivo no es fabricar un arco.

El objetivo es permitir que el pie siga aprendiendo.

Lo que veo cada día en consulta

Con frecuencia llegan familias preocupadas porque el arco de su hijo "todavía no ha salido".

Después de explorar al niño, muchas veces dedicamos más tiempo a hablar de su actividad física que de sus pies.

¿Juega?

¿Corre?

¿Trepa?

¿Salta?

¿Pasa muchas horas sentado?

Las respuestas suelen ofrecer mucha más información que una fotografía de la planta del pie.

Porque el desarrollo no ocurre mientras observamos el arco.

Ocurre mientras el niño vive.

Qué puedes hacer desde hoy

Si observas los pies de un niño, intenta mirar más allá de la huella.

Obsérvalo caminar.

Correr.

Jugar.

Cambiar de dirección.

Ponerse de puntillas.

Mantener el equilibrio.

Pregúntate menos cómo es su pie.

Y más cómo utiliza ese pie para descubrir el mundo.

Porque ahí suele encontrarse la información más valiosa.

🔬 En una frase

En la infancia, la función del pie suele aportar mucha más información que la forma de su arco plantar.

La idea más importante

El pie plano infantil, en la mayoría de los casos, forma parte del desarrollo normal.

El arco plantar no aparece siguiendo un calendario idéntico para todos los niños, sino como resultado de un proceso complejo de crecimiento, maduración neuromuscular, movimiento y experiencia.

Por eso, antes de plantear tratamientos o correcciones, conviene preguntarse si ese pie cumple adecuadamente su función.

La biomecánica no persigue construir un arco perfecto.

Persigue ayudar a que un niño pueda moverse, jugar y desarrollarse con libertad, seguridad y confianza.

Porque un pie sano no se define únicamente por su forma.

Se define, sobre todo, por lo que es capaz de hacer.

Una pregunta para reflexionar

Piensa en un niño jugando en un parque.

¿Qué te dice más sobre el estado de sus pies: la forma de su arco… o la alegría con la que corre, salta y explora sin miedo?

Quizá la respuesta esté delante de nosotros mucho antes de mirar una huella.

En el próximo artículo…

Hay una frase que escucho con frecuencia en consulta.

"Le han mandado plantillas porque tiene el pie plano."

Pero ¿es esa una razón suficiente?

¿Las plantillas hacen que aparezca el arco?

¿Modifican el desarrollo del pie?

¿Cuándo están realmente indicadas?

En el próximo capítulo abordaremos uno de los temas más debatidos de la podología infantil y descubriremos que una plantilla no debe prescribirse para cambiar la forma de un pie, sino para ayudar a una función cuando realmente lo necesita.

ARTÍCULO 48 El pie de un niño no está terminado. Está aprendiendo.