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ARTÍCULO 47 Caminar descalzo no es volver al pasado. Es volver a sentir.

2 de agosto de 2026 por
JAVIER SALINERO MARTÍN

Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN

"Caminar descalzo no consiste en volver al pasado. Consiste en recordar una capacidad que el cuerpo nunca llegó a olvidar del todo."

"Hace años que no camino descalzo"

Una paciente me dijo una frase que me hizo pensar.

—¿Sabes? Creo que hace más de diez años que no camino descalza, salvo para ducharme.

No lo dijo con tristeza.

Lo dijo sorprendida.

Nunca se había detenido a pensarlo.

Y, sin embargo, era cierto.

Desde que se levantaba hasta que se acostaba, siempre había algo entre sus pies y el suelo.

Zapatillas.

Zapatos.

Sandalias.

Pantuflas.

El contacto directo con el terreno prácticamente había desaparecido de su vida.

No porque estuviera prohibido.

Simplemente porque había dejado de formar parte de su rutina.

El suelo es mucho más que una superficie

Cuando pensamos en el suelo solemos imaginar un lugar sobre el que apoyarnos.

Pero para el sistema nervioso representa mucho más.

Cada paso proporciona información sobre la textura.

La temperatura.

La inclinación.

La estabilidad.

La dureza.

Las pequeñas irregularidades.

Toda esa información viaja continuamente desde los receptores del pie hasta el cerebro.

Y con ella el organismo toma decisiones.

Cómo distribuir el peso.

Cómo estabilizar el tobillo.

Cómo modificar la longitud del paso.

Cómo anticiparse al siguiente apoyo.

Caminar no consiste únicamente en mover las piernas.

Consiste en interpretar información.

El pie fue diseñado para percibir

En ocasiones hablamos del pie como si solo fuera una estructura mecánica.

Huesos.

Ligamentos.

Músculos.

Tendones.

Pero el pie también es un extraordinario órgano sensorial.

Miles de receptores distribuidos por la piel y los tejidos profundos informan constantemente al sistema nervioso de lo que sucede bajo nosotros.

No están ahí por casualidad.

Su función no es únicamente sentir.

Es ayudar a movernos mejor.

Cada apoyo modifica la información disponible.

Y cada nueva información permite ajustar el movimiento siguiente.

Moverse y percibir forman parte del mismo proceso.

El silencio también es información

Imagina una conversación.

Si una de las personas deja de hablar, la comunicación cambia.

No desaparece.

Pero pierde riqueza.

Algo parecido ocurre cuando reducimos durante mucho tiempo determinados estímulos sensoriales.

El organismo sigue funcionando.

Por supuesto.

Pero dispone de menos información procedente del contacto directo con el terreno.

No significa que el pie deje de trabajar.

Significa que una parte de la conversación con el suelo se vuelve más silenciosa.

Y el cerebro, como siempre, se adapta a la información que recibe.

Caminar descalzo no es una competición

Existe la idea de que cuanto más tiempo caminemos descalzos, mejor.

No necesariamente.

La biología rara vez recompensa los extremos.

Caminar descalzo sobre una playa, un jardín o dentro de casa puede ofrecer experiencias sensoriales muy interesantes.

Hacerlo durante horas sobre superficies para las que el organismo todavía no está preparado puede resultar excesivo.

El valor no está en eliminar el calzado.

Está en recuperar momentos en los que el pie pueda volver a conversar directamente con el entorno.

La cantidad importa menos que la calidad de la experiencia.

¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?

Muchísimo.

El barefoot intenta conservar una parte importante de esa conversación.

No reproduce exactamente la sensación de caminar completamente descalzo.

Ni pretende hacerlo.

Protege frente al frío, a los objetos cortantes o a determinadas condiciones del entorno.

Pero, al mismo tiempo, intenta permitir que parte de la información procedente del terreno siga llegando al sistema nervioso.

No sustituye la experiencia de caminar descalzo.

La acerca.

Y esa diferencia es importante.

Porque el objetivo nunca ha sido eliminar toda protección.

Ha sido mantener la mayor cantidad posible de comunicación con el suelo sin renunciar a la seguridad cuando es necesaria.

Lo que veo cada día en consulta

Hay un momento que me gusta especialmente durante algunas valoraciones.

Pido al paciente que se quite los zapatos.

No para explorar únicamente la forma del pie.

Sino para observar cómo cambia su comportamiento cuando vuelve a contactar directamente con el suelo.

Algunas personas apoyan con confianza desde el primer instante.

Otras parecen caminar con cautela, como si el suelo fuera una superficie desconocida.

Ninguna reacción es correcta o incorrecta.

Las dos cuentan una historia.

Y comprender esa historia suele aportar mucha más información que cualquier fotografía estática del pie.

Porque el movimiento comienza mucho antes del primer paso.

Empieza en la forma en que el cerebro interpreta el terreno.

Qué puedes hacer desde hoy

Busca un lugar seguro.

En casa.

En un jardín.

En una playa tranquila.

Dedica unos minutos a caminar descalzo sin un objetivo concreto.

No intentes fortalecer nada.

No pienses en la técnica.

Simplemente presta atención.

¿Cómo cambia la temperatura bajo tus pies?

¿Qué zonas apoyan primero?

¿Notas diferencias entre un pie y el otro?

¿Qué texturas reconoces sin mirar?

A veces, la mejor manera de aprender sobre el movimiento consiste en escuchar antes de intentar corregirlo.

🔬 En una frase

Caminar descalzo no solo cambia la mecánica del movimiento. También enriquece la información que el sistema nervioso recibe del entorno.

La idea más importante

Durante miles de generaciones, el pie evolucionó en contacto directo con el suelo.

Hoy vivimos en un entorno muy diferente y el calzado cumple funciones esenciales de protección, higiene y comodidad.

No se trata de renunciar a esos avances.

Se trata de comprender que el contacto ocasional con el terreno sigue siendo una fuente extraordinaria de información para el sistema nervioso.

Caminar descalzo no es una obligación.

No es una prueba.

No es una filosofía.

Es una oportunidad para que el organismo recupere, aunque solo sea durante unos minutos, una conversación que lleva acompañándonos desde el origen de nuestra especie.

Porque el movimiento no depende únicamente de los músculos.

Depende también de la calidad de la información con la que el cerebro construye cada paso.

Una pregunta para reflexionar

Piensa en la última vez que caminaste descalzo sobre una superficie natural.

¿Recuerdas cómo era el terreno… o recuerdas, sobre todo, cómo te hizo sentir?

Quizá esa sensación también forme parte de la biomecánica.

En el próximo artículo…

Después de comprender qué significa caminar descalzo, aparece una última cuestión.

¿Y los niños?

Si el pie necesita moverse, percibir y adaptarse, ¿qué papel desempeña el calzado durante el crecimiento?

¿Es conveniente que un niño vaya siempre descalzo?

¿Necesita un calzado especial?

¿Qué características deberían buscar las familias?

En el próximo capítulo hablaremos del desarrollo del pie infantil y descubriremos que, durante los primeros años de vida, cada paso no solo construye un patrón de movimiento. También ayuda a construir el cerebro que aprenderá a moverse durante el resto de la vida.

ARTÍCULO 46 No todo el mundo necesita calzado barefoot. Y eso no contradice nada de lo que hemos aprendido.