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ARTÍCULO 36 El mejor calzado no existe

23 de julio de 2026 por
JAVIER SALINERO MARTÍN

Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN

"La pregunta no es cuál es el mejor zapato. La pregunta es para quién, para qué y en qué momento puede ser la mejor herramienta."

"Solo quiero que me diga cuál es la mejor zapatilla"

Es probablemente una de las preguntas que más veces me hacen en consulta.

A veces llegan con una fotografía en el teléfono.

Otras con una lista de modelos sacada de internet.

Incluso hay quien me dice:

—Solo dime cuál comprar.

Siempre entiendo esa necesidad.

Nos tranquiliza pensar que existe una respuesta sencilla.

Un modelo perfecto.

Una marca definitiva.

Un zapato capaz de resolver todos nuestros problemas.

Pero nunca respondo dando un nombre.

Primero hago otras preguntas.

¿Para qué la quieres?

¿Dónde la vas a utilizar?

¿Cuánto caminas?

¿Corres?

¿Has tenido lesiones?

¿Cómo son tus objetivos?

Porque sin esas respuestas, hablar del "mejor calzado" carece de sentido.

El error no está en el zapato

Imagina un martillo.

Es una herramienta magnífica.

Pero deja de ser útil si lo utilizamos para cortar una tabla.

No porque el martillo sea malo.

Sino porque no fue diseñado para esa función.

Con el calzado ocurre exactamente lo mismo.

No existen zapatos buenos o malos de forma absoluta.

Existen herramientas más o menos adecuadas para una situación concreta.

El problema aparece cuando esperamos que una sola herramienta sirva para resolver cualquier necesidad.

El cuerpo siempre es más importante que el calzado

Existe una idea que me gusta repetir.

El protagonista nunca es el zapato.

El protagonista es el organismo que lo utiliza.

Dos personas pueden ponerse exactamente el mismo modelo.

Una caminará con comodidad durante horas.

La otra desarrollará molestias al cabo de pocos días.

¿Qué ha cambiado?

No el calzado.

Ha cambiado la persona.

Su historia.

Su capacidad física.

Su experiencia.

Su adaptación.

El mismo estímulo nunca produce exactamente la misma respuesta en todos los organismos.

El contexto cambia completamente la respuesta

Imagina el mismo zapato.

Ahora cambia el escenario.

Una oficina.

Un sendero de montaña.

Una carrera de larga distancia.

Una jornada de ocho horas de pie.

Una persona que acaba de salir de una lesión.

Otra que lleva años entrenando.

¿Sigue siendo el mismo calzado?

Sí.

¿Cumple la misma función?

No.

El contexto transforma completamente la utilidad de cualquier herramienta.

Por eso nunca recomiendo un modelo.

Recomiendo una decisión adaptada al contexto.

El calzado modifica la información

Muchas personas piensan que un zapato solo protege el pie.

Hace mucho más que eso.

Filtra parte de la información que llega desde el suelo.

Modifica la forma en que distribuimos las cargas.

Cambia la movilidad disponible.

Condiciona algunas estrategias de equilibrio.

Facilita unos movimientos.

Dificulta otros.

No dirige completamente la biomecánica.

Pero participa en ella.

Es un interlocutor más dentro de esa conversación que mantiene el organismo con el entorno.

¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?

Muchísimo.

El barefoot tampoco es el calzado perfecto.

Y creo que decirlo con claridad es una muestra de honestidad.

Un zapato minimalista puede ser una herramienta extraordinaria para algunas personas y en determinadas situaciones.

En otras puede no ser la mejor elección, al menos de forma inmediata.

Todo depende del estado del organismo, de su capacidad de adaptación y del objetivo que perseguimos.

El barefoot no debería presentarse como una religión.

Debería entenderse como una herramienta biomecánica con indicaciones, ventajas, limitaciones y un contexto de uso.

Y precisamente por eso me interesa tanto.

Porque obliga al organismo a participar más activamente en el movimiento.

Pero incluso esa herramienta necesita utilizarse con criterio.

Lo que veo cada día en consulta

Hay pacientes que llegan convencidos de que necesitan cambiar de zapatillas.

Y, en ocasiones, el cambio realmente importante no está en el calzado.

Está en la fuerza.

En la carga.

En el descanso.

En el miedo.

En la movilidad.

O en la forma en que interpretan las señales de su cuerpo.

Otras veces ocurre justo lo contrario.

Un pequeño cambio en el calzado modifica por completo la experiencia de caminar.

La diferencia está en comprender cuándo el zapato es el protagonista y cuándo simplemente acompaña a un problema cuyo origen está en otro lugar.

Qué puedes hacer desde hoy

La próxima vez que alguien afirme que un determinado modelo es "el mejor", hazte tres preguntas.

¿Para quién?

¿Para qué actividad?

¿En qué contexto?

Si esas preguntas no tienen respuesta, probablemente tampoco exista una recomendación realmente válida.

Porque el mejor calzado nunca puede separarse de la persona que va a utilizarlo.

🔬 En una frase

No existe un calzado perfecto. Existen herramientas más o menos adecuadas para un organismo concreto, en un contexto determinado y con un objetivo específico.

La idea más importante

El calzado no corrige automáticamente la biomecánica.

No sustituye la capacidad del organismo para adaptarse.

No elimina por sí solo el riesgo de lesión.

Pero tampoco es un elemento neutro.

Es una herramienta que modifica la información, las cargas y algunas posibilidades de movimiento.

Por eso la verdadera pregunta nunca es qué zapato es mejor.

La verdadera pregunta es qué necesita ese organismo para seguir moviéndose con la mayor capacidad de adaptación posible.

Una pregunta para reflexionar

Piensa en el calzado que utilizas con más frecuencia.

¿Lo elegiste porque realmente respondía a tus necesidades… o porque alguien aseguró que era "el mejor" sin conocer tu historia?

En el próximo artículo…

Ya sabemos que el mejor calzado no existe.

Pero entonces surge una pregunta inevitable.

Si un zapato no puede solucionar todos los problemas… ¿qué hace realmente cuando nos lo ponemos?

En el siguiente capítulo descubriremos que un calzado no solo cambia la posición del pie. Cambia la información que recibe el cerebro, modifica las estrategias de movimiento y altera la conversación entre el organismo y el suelo.

Porque un zapato nunca es solo un objeto.

Es una interfaz entre nuestro cuerpo y el mundo sobre el que caminamos.

ARTÍCULO 35 El cuerpo no funciona por piezas. Funciona como una conversación.