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ARTÍCULO 35 El cuerpo no funciona por piezas. Funciona como una conversación.

22 de julio de 2026 por
JAVIER SALINERO MARTÍN

Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN

"Cuando una parte del cuerpo cambia, ninguna otra permanece exactamente igual."

"¿Qué tiene que ver mi pie con mi espalda?"

Es una pregunta completamente lógica.

Un paciente llega por un dolor en el talón.

Después de explorarle, hablamos del equilibrio.

De la movilidad de la cadera.

De la forma de caminar.

Del sueño.

Del estrés que lleva acumulando durante meses.

Y entonces aparece la duda.

—Pero… yo he venido por el pie.

La entiendo perfectamente.

Durante muchos años hemos aprendido a dividir el cuerpo en compartimentos.

El traumatólogo mira el hueso.

El fisioterapeuta trabaja el músculo.

El podólogo observa el pie.

El dentista la boca.

Cada profesional estudia una parte.

Pero el organismo nunca ha funcionado de esa manera.

El cuerpo no entiende de especialidades.

Entiende de relaciones.

Ningún movimiento pertenece a una sola estructura

Piensa en algo tan sencillo como dar un paso.

El pie contacta con el suelo.

Los músculos de la pierna responden.

La rodilla absorbe parte de la carga.

La cadera organiza la estabilidad.

El tronco mantiene el equilibrio.

Los brazos acompañan el movimiento.

Los ojos proporcionan referencias espaciales.

El sistema vestibular informa sobre la posición de la cabeza.

El cerebro integra toda esa información en apenas unas milésimas de segundo.

Y entonces aparece el siguiente paso.

¿Dónde empieza realmente ese movimiento?

¿En el pie?

¿En el cerebro?

¿En los ojos?

La respuesta probablemente sea otra.

Empieza en la conversación que mantienen todos ellos.

La información viaja constantemente

El organismo nunca deja de intercambiar información.

Los receptores del pie informan sobre la superficie.

Los ojos describen el entorno.

El oído interno detecta aceleraciones.

Los músculos comunican su nivel de tensión.

Las articulaciones informan sobre su posición.

El cerebro compara toda esa información con experiencias anteriores y construye una respuesta.

No trabaja con datos aislados.

Trabaja con relaciones.

La biomecánica moderna ya no estudia únicamente fuerzas y ángulos.

Estudia sistemas que cooperan continuamente.

Cambiar una parte modifica el conjunto

Imagina que caminas descalzo por la arena.

El pie cambia inmediatamente su forma de apoyarse.

Pero no solo cambia el pie.

La rodilla modifica su comportamiento.

La cadera reorganiza la estabilidad.

El tronco realiza pequeños ajustes.

La velocidad disminuye.

El equilibrio trabaja más.

Incluso la respiración suele hacerse algo más pausada.

No existe un cambio aislado.

Existe una reorganización del sistema completo.

Eso ocurre constantemente.

Aunque casi nunca seamos conscientes.

El error de buscar una única causa

Muchas veces buscamos una explicación sencilla para problemas complejos.

Queremos encontrar "el músculo responsable".

"La articulación culpable."

"El hueso que provoca todo."

Sin embargo, el organismo rara vez funciona con una única causa.

La mayoría de las veces encontramos una combinación de factores.

Carga.

Sueño.

Estrés.

Movimiento.

Experiencias previas.

Condición física.

Confianza.

Contexto.

Todos participan.

Eso no hace más complicada la biomecánica.

La hace más real.

¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?

Muchísimo.

Reducir el barefoot a un simple cambio de calzado sería quedarse en la superficie.

Cuando un pie comienza a recibir más información del suelo, no cambia únicamente el pie.

El cerebro dispone de nuevos datos.

El equilibrio se reorganiza.

La marcha puede modificarse.

La musculatura participa de otra forma.

Incluso cambia la percepción del movimiento.

No es un zapato actuando sobre un pie.

Es una información diferente modificando todo un sistema.

Por eso los cambios importantes rara vez ocurren únicamente donde miramos.

Lo que veo cada día en consulta

Con el tiempo he dejado de preguntarme únicamente:

—¿Dónde duele?

Ahora intento hacer otra pregunta.

—¿Qué conversación del organismo ha dejado de funcionar como antes?

A veces la respuesta está cerca del dolor.

Otras veces aparece mucho más lejos.

No porque exista una cadena mágica de compensaciones.

Sino porque el movimiento siempre surge de la colaboración entre muchos sistemas.

Cuando comprendemos esa colaboración, el tratamiento deja de centrarse únicamente en una estructura.

Empieza a ayudar al organismo a reorganizar el conjunto.

Qué puedes hacer desde hoy

La próxima vez que aparezca una molestia, evita pensar únicamente en la zona donde la sientes.

Hazte una pregunta más amplia.

¿Qué ha cambiado en mi vida durante las últimas semanas?

¿Duermo igual?

¿Me muevo igual?

¿Trabajo igual?

¿Estoy más preocupado?

¿He reducido mi actividad?

¿He cambiado de calzado?

Muchas veces la respuesta no está exactamente donde aparece el síntoma.

Está en el contexto que rodea al organismo.

Y comprender ese contexto suele aportar mucha más información que buscar una única causa aislada.

🔬 En una frase

El movimiento no pertenece a una estructura. Es el resultado de la cooperación entre muchos sistemas que trabajan al mismo tiempo.

La idea más importante

El cuerpo humano no funciona como una máquina formada por piezas independientes.

Funciona como una red extraordinariamente coordinada.

Cada sistema influye sobre los demás.

Cada cambio genera nuevas adaptaciones.

Por eso comprender la biomecánica no consiste únicamente en conocer músculos, huesos o articulaciones.

Consiste en entender las relaciones que mantienen entre ellos.

No tratamos pies.

No tratamos rodillas.

No tratamos espaldas.

Tratamos organismos completos que intentan resolver un mismo desafío:

Seguir moviéndose de la mejor manera posible con los recursos de los que disponen en cada momento.

Una pregunta para reflexionar

Piensa en la última vez que tu cuerpo cambió de alguna manera importante.

Una lesión.

Un embarazo.

Un periodo de estrés.

Una etapa de sedentarismo.

Un nuevo deporte.

¿Qué otras partes de tu vida cambiaron al mismo tiempo, aunque al principio no parecieran relacionadas?

En el próximo artículo…

Hasta ahora hemos hablado del organismo como una red inteligente que aprende, se adapta y reorganiza continuamente su movimiento.

Pero existe una pregunta que muchos pacientes me hacen antes incluso de sentarse en la camilla.

"¿Qué calzado es el mejor?"

Durante años la respuesta parecía sencilla.

Hoy sabemos que no existe un zapato perfecto para todas las personas, todos los terrenos y todos los momentos.

En el próximo capítulo empezaremos a desmontar uno de los grandes mitos del mundo del calzado: la idea de que existe una zapatilla ideal.

Descubriremos que, igual que ocurre con el movimiento, el mejor calzado no es el más famoso, el más caro ni el más minimalista. Es el que mejor se adapta a la persona, al contexto y al objetivo de ese momento.

ARTÍCULO 34 El cuerpo se mueve con los músculos, pero se atreve con la confianza