Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN
"La calidad del movimiento no depende de repetir siempre el mismo gesto. Depende de ser capaz de encontrar la mejor solución cuando las circunstancias cambian."
"¿Estoy caminando correctamente?"
Es una pregunta que escucho muy a menudo.
A veces aparece después de leer un artículo en internet.
Otras, después de ver un vídeo en redes sociales donde alguien asegura conocer la forma perfecta de caminar.
Entonces el paciente me pregunta:
—¿Estoy apoyando bien el pie?
—¿Mi pisada es correcta?
—¿Hay una forma ideal de caminar?
Entiendo perfectamente la duda.
Durante muchos años hemos buscado el movimiento perfecto.
El apoyo perfecto.
La postura perfecta.
La técnica perfecta.
Como si existiera una única manera correcta de moverse.
Sin embargo, cuanto más aprendemos sobre el cuerpo humano, más evidente resulta que esa idea tiene un problema.
La vida nunca ocurre en condiciones perfectas.
Ningún paso es igual al anterior
Aunque caminemos por la misma calle todos los días, ningún paso es exactamente igual al anterior.
La velocidad cambia ligeramente.
La superficie ofrece pequeñas irregularidades.
La fatiga aparece y desaparece.
El viento modifica el equilibrio.
El calzado cambia la información que recibe el pie.
Incluso nuestro estado emocional influye en la forma de movernos.
El organismo sabe todo esto.
Por eso no intenta repetir un movimiento idéntico.
Intenta resolver cada situación de la mejor manera posible.
La variabilidad no es un defecto
Durante mucho tiempo se interpretó cualquier diferencia entre un paso y otro como una falta de precisión.
Hoy sabemos que una cierta variabilidad es una característica de los sistemas sanos.
No porque el cuerpo sea impreciso.
Sino porque dispone de múltiples estrategias.
Si un músculo está fatigado, otros colaboran un poco más.
Si el terreno cambia, modificamos el apoyo.
Si cargamos una mochila, reorganizamos el equilibrio.
La capacidad de variar no demuestra falta de control.
Demuestra riqueza de recursos.
Es como un buen músico.
No interpreta cada concierto exactamente igual.
Se adapta a la acústica, al instrumento y al momento sin perder la esencia de la obra.
El cuerpo hace algo parecido.
La perfección puede convertirse en una limitación
Existe una paradoja interesante.
Cuando intentamos controlar obsesivamente cada detalle del movimiento, muchas veces nos volvemos menos eficientes.
Pensamos demasiado.
Corregimos constantemente.
Buscamos una alineación ideal en cada paso.
El movimiento pierde naturalidad.
El sistema nervioso dedica recursos a controlar lo que antes resolvía automáticamente.
La perfección excesiva puede reducir la capacidad de adaptación.
Y un movimiento que no sabe adaptarse deja de ser un buen movimiento.
El contexto siempre manda
Imagina que observamos a una persona caminar descalza por una playa.
Después la vemos correr para coger un autobús.
Más tarde atraviesa un sendero de montaña.
Y finalmente pasea despacio con su nieta de la mano.
¿Esperaríamos exactamente la misma técnica en todas esas situaciones?
Por supuesto que no.
Cada contexto exige soluciones distintas.
Por eso evaluar un movimiento sin conocer el entorno es como juzgar un libro leyendo una sola página.
La biomecánica necesita contexto.
Porque el cuerpo siempre responde al contexto.
¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?
Muchísimo.
A veces el barefoot se presenta como si existiera una única técnica correcta de caminar o correr.
No comparto esa visión.
Un pie con mayor libertad no debería obligarnos a movernos todos igual.
Debería ofrecernos más posibilidades.
Más información.
Más opciones para adaptarnos.
El objetivo no es copiar una forma concreta de caminar.
Es ampliar el repertorio del organismo para que pueda elegir la estrategia más adecuada en cada situación.
El barefoot, cuando se utiliza con criterio, no impone un patrón.
Favorece la exploración de muchos patrones posibles.
Lo que veo cada día en consulta
Los pacientes que mejor evolucionan rara vez son los que ejecutan cada ejercicio de manera impecable desde el primer día.
Son quienes aprenden a adaptarlo cuando cambian las circunstancias.
Si un día están más cansados, reducen la carga.
Si una molestia aparece, ajustan el ejercicio sin abandonar el proceso.
Si descubren una nueva capacidad, la incorporan con naturalidad.
No buscan hacerlo siempre igual.
Buscan hacerlo cada vez con más criterio.
Y eso es mucho más valioso.
Qué puedes hacer desde hoy
La próxima vez que camines, presta atención a algo diferente.
No intentes corregir cada paso.
Observa cómo tu cuerpo cambia de forma espontánea cuando aparece una cuesta, una acera irregular o un cambio de ritmo.
Descubre cuántas pequeñas decisiones toma sin que tengas que pensar en ellas.
Quizá entonces comprendas que moverse bien no consiste en controlar cada detalle.
Consiste en confiar en un sistema que lleva toda la vida aprendiendo a resolver problemas.
🔬 En una frase
La calidad del movimiento no depende de repetir siempre el mismo gesto. Depende de disponer de suficientes opciones para responder a cada situación.
La idea más importante
El cuerpo humano no busca movimientos perfectos.
Busca movimientos eficaces.
Y la eficacia no nace de la rigidez.
Nace de la capacidad para adaptarse cuando el entorno cambia.
Cuantas más estrategias conserva el organismo, mayor es su libertad para resolver nuevos desafíos.
La salud no consiste en encontrar una única forma correcta de moverse.
Consiste en no depender de una sola.
Una pregunta para reflexionar
Piensa en una actividad que realizas con frecuencia: caminar, correr, subir escaleras o trabajar de pie.
¿Intentas repetir siempre exactamente el mismo movimiento… o permites que tu cuerpo encuentre pequeñas soluciones diferentes cuando el contexto cambia?
En el próximo artículo…
Hemos hablado del movimiento como una conversación entre el cerebro, los tejidos y el entorno.
Pero todavía queda un protagonista del que apenas hemos hablado.
La confianza.
¿Por qué dos personas con capacidades físicas muy parecidas pueden moverse de manera completamente distinta?
¿Por qué alguien fuerte puede caminar con inseguridad mientras otra persona, con menos fuerza, transmite estabilidad?
En el próximo capítulo descubriremos que la confianza también es una capacidad biomecánica.
Porque el cerebro no solo necesita músculos preparados.
Necesita creer que el cuerpo puede responder cuando sea necesario.