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ARTÍCULO 32 Envejecer no significa dejar de adaptarse

19 de julio de 2026 por
JAVIER SALINERO MARTÍN

Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN

"Los años cambian el cuerpo. Pero la forma en que vivimos esos años también cambia la manera en que envejecemos."

"Es normal… ya tengo una edad"

Hay una frase que escucho casi a diario.

Alguien entra en consulta, me explica que le cuesta caminar más que antes, que ha perdido equilibrio o que siente sus pies más rígidos.

Y, antes incluso de terminar la explicación, añade:

—Bueno… supongo que será la edad.

Siempre comprendo por qué lo dice.

Es una idea que hemos escuchado durante toda la vida.

Con los años todo empeora.

Cada década supone una pérdida inevitable.

El deterioro es el destino natural del cuerpo.

Sin embargo, la realidad es bastante más compleja.

Porque los años influyen.

Pero no explican toda la historia.

El calendario no cuenta toda la verdad

Imagina a dos personas de setenta años.

Ambas nacieron el mismo año.

Las dos tienen la misma edad.

Pero una sigue caminando varios kilómetros cada día, mantiene un buen equilibrio y disfruta haciendo senderismo.

La otra evita subir escaleras, tiene miedo a caerse y apenas sale de casa.

El calendario dice que son iguales.

La biología cuenta una historia muy distinta.

Los años son importantes.

Pero también lo son las experiencias acumuladas durante esos años.

Cada paso.

Cada lesión.

Cada recuperación.

Cada periodo de inactividad.

Cada hábito.

Cada noche de sueño.

Cada etapa de estrés.

Todo va dejando una huella.

Envejecer también significa acumular adaptaciones.

El cuerpo resume su historia

Me gusta imaginar el organismo como un gran libro.

Cada capítulo representa una etapa de la vida.

La infancia.

La adolescencia.

Los embarazos.

Los trabajos físicos.

Los deportes.

Las enfermedades.

Las lesiones.

Las épocas de sedentarismo.

Los momentos de bienestar.

Nada desaparece por completo.

Todo deja algún aprendizaje.

Cuando observo cómo camina una persona, no solo veo su estado actual.

Veo parte de la historia que su cuerpo ha escrito durante décadas.

La biomecánica es, en cierto modo, una autobiografía en movimiento.

Adaptarse durante toda una vida

A veces pensamos que adaptarse significa mejorar.

Pero no siempre.

También nos adaptamos cuando dejamos de movernos.

Cuando pasamos años sentados.

Cuando evitamos ciertos movimientos por miedo.

Cuando dormimos mal durante mucho tiempo.

Cuando el estrés se convierte en un compañero permanente.

El organismo siempre aprende.

La pregunta nunca es si se adapta.

La pregunta es a qué se está adaptando.

Y esa diferencia cambia completamente nuestra forma de entender el envejecimiento.

La edad modifica las reglas, no las elimina

Sería ingenuo afirmar que un cuerpo de veinte años responde igual que uno de setenta.

No lo hace.

Los tejidos necesitan más tiempo para recuperarse.

La masa muscular disminuye si no se estimula.

La velocidad de algunas adaptaciones cambia.

Pero el principio biológico sigue siendo exactamente el mismo.

El organismo continúa aprendiendo.

Continúa reorganizándose.

Continúa respondiendo a los estímulos que recibe.

Quizá con otros ritmos.

Con otras prioridades.

Pero con la misma lógica.

Mientras existe vida, existe adaptación.

¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?

Muchísimo.

Hay personas que me dicen:

—Si hubiera empezado hace veinte años…

Y siempre les respondo algo parecido.

Quizá habría sido diferente.

Pero la pregunta realmente importante no es esa.

La pregunta es:

¿Qué puede aprender tu cuerpo a partir de hoy?

Una transición al barefoot en una persona de sesenta o setenta años no busca convertir su pie en el de un adolescente.

Busca ampliar sus posibilidades actuales.

Mejorar la percepción del suelo.

Estimular la musculatura que todavía puede fortalecerse.

Favorecer el equilibrio.

Conservar funciones importantes para la autonomía.

No perseguimos la juventud.

Perseguimos la capacidad.

Lo que veo cada día en consulta

Las personas que más me sorprenden rara vez son las más jóvenes.

Son aquellas que, después de años pensando que ya era tarde, descubren que todavía pueden cambiar.

Recuerdo a una paciente que comenzó trabajando algo tan sencillo como mantenerse unos segundos sobre un solo pie.

Al principio necesitaba apoyarse constantemente.

Meses después era capaz de hacerlo con tranquilidad mientras hablábamos.

No había detenido el paso del tiempo.

Había mejorado su capacidad para responder a él.

Y esa diferencia es inmensa.

Qué puedes hacer desde hoy

La próxima vez que utilices la edad para explicar una dificultad, añade una segunda pregunta.

En lugar de decir:

"Ya no puedo porque tengo muchos años."

Pregúntate:

"¿Qué parte de esta dificultad depende realmente de mi edad… y qué parte depende de capacidades que todavía puedo seguir entrenando?"

No siempre podremos cambiarlo todo.

Pero casi siempre podremos mejorar algo.

Y ese "algo" suele ser mucho más importante de lo que imaginamos.

🔬 En una frase

Envejecer significa seguir adaptándose a una historia de vida, no dejar de adaptarse.

La idea más importante

La edad forma parte de nuestra biología.

Negarlo sería un error.

Pero reducir todo el envejecimiento al calendario también lo sería.

Cada organismo llega a los setenta, a los ochenta o a los noventa años con una historia distinta.

Con hábitos diferentes.

Con movimientos diferentes.

Con experiencias distintas.

Por eso dos personas de la misma edad pueden mostrar capacidades completamente diferentes.

No elegimos cuántos años cumplimos.

Pero sí podemos influir, día a día, en la calidad de las adaptaciones que acompañarán esos años.

El objetivo no es detener el tiempo.

Es seguir ofreciendo al organismo motivos para conservar aquello que todavía puede hacer.

Una pregunta para reflexionar

Piensa en alguien mayor que admires por cómo se mueve.

¿Crees que esa capacidad depende únicamente de la edad… o también de las miles de pequeñas decisiones que ha tomado a lo largo de su vida?

En el próximo artículo…

Hemos hablado de adaptación, aprendizaje, recuperación y envejecimiento.

Pero todavía queda una idea que une todos esos conceptos.

¿Qué significa realmente moverse bien?

Durante décadas se ha buscado el gesto perfecto, la postura perfecta o la técnica perfecta.

Sin embargo, cuanto más aprendemos sobre biomecánica, más evidente resulta una conclusión:

Los mejores movimientos no son los más bonitos. Son los más adaptables.

En el próximo capítulo descubriremos por qué la verdadera calidad del movimiento no depende de la perfección, sino de la capacidad de encontrar soluciones diferentes cuando las circunstancias cambian.

ARTÍCULO 31 El cuerpo olvida aquello que deja de utilizar