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ARTÍCULO 31 El cuerpo olvida aquello que deja de utilizar

18 de julio de 2026 por
JAVIER SALINERO MARTÍN

Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN

"El cuerpo no pierde capacidades porque quiera perjudicarnos. Las pierde cuando deja de encontrar razones para conservarlas."

"Antes podía hacerlo sin pensar"

Hay una frase que escucho muchas veces en consulta.

—Antes caminaba durante horas.

—Antes podía ponerme de cuclillas.

—Antes corría detrás de mis hijos sin cansarme.

—Antes tenía mucho mejor equilibrio.

Siempre me llama la atención una palabra.

Antes.

Porque casi nunca desaparecen todas esas capacidades de un día para otro.

Lo hacen poco a poco.

Tan despacio que apenas nos damos cuenta.

Hasta que un día descubrimos que aquello que antes parecía automático ahora requiere esfuerzo.

Y entonces pensamos que el cuerpo nos ha fallado.

Pero, en realidad, suele estar haciendo exactamente lo que lleva haciendo millones de años.

Adaptarse.

La eficiencia es una de las reglas de la vida

Nuestro organismo intenta ser extraordinariamente eficiente.

Mantener músculo consume energía.

Conservar masa ósea requiere recursos.

Coordinar movimientos complejos necesita práctica.

Mantener una gran movilidad exige utilizarla.

El cerebro también gasta energía manteniendo circuitos neuronales activos.

Por eso el organismo hace continuamente una pregunta muy sencilla.

¿Sigue siendo necesaria esta capacidad?

Si la respuesta es sí, invierte en conservarla.

Si la respuesta es no, empieza a reducir recursos.

No porque quiera castigarnos.

Porque la naturaleza premia la eficiencia.

El desuso también enseña

A menudo hablamos del aprendizaje como algo positivo.

Pero pocas veces pensamos que el cuerpo también aprende cuando dejamos de movernos.

Aprende que ya no necesita tanta fuerza.

Aprende que ciertos rangos articulares apenas se utilizan.

Aprende que determinadas habilidades han dejado de formar parte de la vida diaria.

Y actúa en consecuencia.

Los músculos pierden capacidad.

Los tejidos toleran menos carga.

El equilibrio empeora.

La coordinación se vuelve menos precisa.

No es un proceso de deterioro caprichoso.

Es una adaptación al desuso.

El cerebro también simplifica

Existe una idea fascinante.

No solo cambian los tejidos.

También cambia la representación que el cerebro tiene del cuerpo.

Las zonas que utilizamos con frecuencia reciben más atención.

Los movimientos que repetimos se vuelven más precisos.

Las habilidades que practicamos se refinan.

En cambio, aquello que dejamos de utilizar pierde protagonismo.

Es como un idioma.

Si lo hablas todos los días, fluye con naturalidad.

Si pasan veinte años sin usarlo, muchas palabras siguen ahí.

Pero cuesta encontrarlas.

El cuerpo funciona de una forma sorprendentemente parecida.

No es una condena

Aquí aparece la mejor noticia.

La mayoría de estos cambios no son definitivos.

Si el organismo dejó de invertir en una capacidad porque dejó de utilizarla, muchas veces volverá a hacerlo cuando esa capacidad vuelva a ser importante.

No ocurre de inmediato.

Necesita tiempo.

Repetición.

Paciencia.

Pero la dirección puede cambiar.

Eso explica por qué una persona sedentaria puede volver a ganar fuerza.

Por qué alguien recupera equilibrio después de una lesión.

Por qué un adulto puede mejorar su movilidad años después de haberla perdido.

La biología rara vez cierra completamente una puerta.

Simplemente deja de mantener abiertas aquellas que no se utilizan.

¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?

Muchísimo.

Durante décadas muchas personas apenas utilizan toda la capacidad de sus pies.

Los dedos participan menos.

La musculatura intrínseca trabaja poco.

La información sensorial procedente del suelo disminuye.

El organismo interpreta que algunas de esas funciones ya no son prioritarias.

Cuando comenzamos una transición progresiva hacia un calzado que permite mayor libertad, el cuerpo recibe un mensaje diferente.

"Esta capacidad vuelve a ser útil."

Y entonces puede empezar a invertir otra vez en ella.

No porque el calzado haga el trabajo.

Sino porque ofrece al organismo una oportunidad para utilizar funciones que habían quedado en segundo plano.

Lo que veo cada día en consulta

Hay algo que me emociona especialmente.

Ver cómo una persona recupera una capacidad que creía perdida.

No sucede de golpe.

Sucede casi siempre igual.

Primero aparece un pequeño cambio.

Después otro.

Y otro.

Un día consigue mantener el equilibrio unos segundos más.

Otro día camina con mayor seguridad.

Semanas después descubre que ya no piensa en cada paso.

No ha ocurrido un milagro.

Ha ocurrido algo mucho más interesante.

El organismo ha vuelto a considerar útil una capacidad que llevaba tiempo sin utilizar.

Y ha decidido invertir de nuevo en ella.

Qué puedes hacer desde hoy

Piensa en una capacidad que hayas dejado de utilizar.

Puede ser caminar más.

Subir escaleras.

Ponerte en cuclillas.

Mover los dedos de los pies.

Mantener el equilibrio sobre una pierna.

No intentes recuperarla toda de una vez.

Hazle una invitación.

Dedícale unos minutos cada día.

Permite que el organismo vuelva a recordar que esa función sigue teniendo sentido.

Porque el cuerpo responde mucho mejor a las invitaciones repetidas que a las exigencias puntuales.

🔬 En una frase

El organismo conserva aquello que utiliza con frecuencia y reduce recursos en aquello que deja de necesitar.

La idea más importante

Perder una capacidad no siempre significa que el cuerpo se esté deteriorando.

Muchas veces significa que se ha adaptado a una vida en la que esa capacidad dejó de ser necesaria.

Y esa idea cambia completamente la perspectiva.

Porque si el desuso ayudó a construir esa adaptación, el uso inteligente puede ayudar a construir otra diferente.

El cuerpo no deja de adaptarse.

Solo cambia la dirección de esa adaptación según la información que recibe cada día.

Una pregunta para reflexionar

Piensa en alguna capacidad física que echas de menos.

¿La perdiste realmente… o simplemente hace tiempo que tu cuerpo dejó de recibir motivos suficientes para conservarla?

En el próximo artículo…

Hasta ahora hemos hablado de cómo el organismo aprende, olvida y vuelve a aprender.

Pero existe una pregunta que rara vez nos hacemos.

¿Qué es realmente envejecer?

¿Es un proceso inevitable de pérdida?

¿O es, en gran parte, el resultado de millones de pequeñas adaptaciones acumuladas a lo largo de los años?

En el próximo capítulo exploraremos una idea que puede cambiar profundamente nuestra manera de entender el paso del tiempo.

Descubriremos que envejecer no significa dejar de adaptarse; significa adaptarse a una historia de vida.

ARTÍCULO 30 Desaprender también forma parte de la recuperación