Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN
"Recuperarse no siempre consiste en volver a hacer algo. Muchas veces consiste en dejar de hacer aquello que el cuerpo aprendió para protegerse."
"Mi lesión ya está curada… pero sigo caminando raro"
Hace unos meses vino a consulta un paciente que había sufrido un esguince de tobillo.
La lesión había cicatrizado.
Las pruebas eran normales.
La movilidad era buena.
La fuerza había mejorado.
Y, sin embargo, seguía caminando con cierta rigidez.
No porque el tobillo se lo impidiera.
Sino porque el resto del cuerpo seguía comportándose como si la lesión continuara presente.
Aquella forma de caminar había sido muy útil durante las primeras semanas.
Reducía el dolor.
Protegía el tobillo.
Le permitía seguir moviéndose.
El problema era que el organismo había conservado esa estrategia mucho después de que dejara de ser necesaria.
No era un fallo.
Era un aprendizaje que todavía no se había actualizado.
Aprender significa ahorrar esfuerzo
Nuestro cerebro intenta simplificar constantemente el movimiento.
Cuando encuentra una solución que funciona, la automatiza.
Gracias a ello podemos caminar sin pensar en cada paso.
Subir escaleras mientras hablamos.
Conducir.
Escribir.
Mantener el equilibrio.
Todo eso ocurre porque el sistema nervioso convierte muchos movimientos en hábitos.
Y eso es extraordinariamente eficiente.
Pero existe una consecuencia.
Los hábitos no distinguen automáticamente entre lo que sigue siendo útil y lo que dejó de serlo hace meses.
La protección también puede convertirse en costumbre
Imagina que durante varias semanas evitas apoyar con fuerza un pie porque duele.
Es lógico.
El cuerpo está protegiendo una zona vulnerable.
Pero, si esa forma de caminar continúa cuando el tejido ya está recuperado, el sistema nervioso puede haber consolidado un patrón que ya no necesita.
No ocurre porque el organismo sea torpe.
Ocurre porque está utilizando una estrategia que anteriormente le dio buen resultado.
El cerebro confía en aquello que ya conoce.
Aunque, a veces, exista una opción mejor.
Recuperarse también implica actualizar el mapa
A menudo pensamos que rehabilitar una lesión consiste únicamente en fortalecer músculos o recuperar movilidad.
Pero hay otra parte igual de importante.
El cerebro necesita volver a reconocer que el cuerpo dispone de nuevas posibilidades.
Debe comprobar que ese tobillo vuelve a soportar carga.
Que esa rodilla puede flexionarse con confianza.
Que ese pie puede volver a sentir el suelo sin necesidad de protegerse constantemente.
En otras palabras, necesita actualizar su mapa interno.
No basta con que el tejido haya cambiado.
También debe cambiar la forma en que el sistema nervioso lo interpreta.
Desaprender no significa borrar
Existe una idea equivocada sobre el aprendizaje.
Pensamos que desaprender consiste en eliminar por completo un patrón anterior.
En realidad, suele ocurrir algo diferente.
El cerebro conserva muchas de las estrategias que ha utilizado a lo largo de la vida.
Simplemente deja de emplearlas como primera opción.
Es parecido a una herramienta que permanece guardada en una caja.
Sigue estando disponible.
Pero solo se utiliza cuando realmente hace falta.
Eso también sucede con muchas respuestas protectoras.
No desaparecen.
Quedan en reserva.
Y eso es una buena noticia.
Porque significa que el organismo mantiene recursos para afrontar situaciones futuras.
¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?
Muchísimo.
Muchas personas comienzan una transición hacia un calzado minimalista esperando que el pie cambie únicamente por el tipo de zapato.
Pero el verdadero cambio ocurre en el sistema nervioso.
El pie empieza a recibir información distinta.
Los dedos participan más.
La musculatura intrínseca trabaja de otra manera.
El equilibrio se reorganiza.
El cerebro compara esa nueva información con años de experiencias anteriores.
Y poco a poco empieza a actualizar sus estrategias.
No se trata solo de fortalecer el pie.
Se trata de enseñarle al organismo que dispone de nuevas opciones de movimiento.
Lo que veo cada día en consulta
Hay pacientes que llegan convencidos de que "su cuerpo se ha acostumbrado a moverse mal".
Yo intento cambiar esa forma de verlo.
No creo que el cuerpo aprenda a moverse mal.
Creo que aprende a resolver problemas.
Lo que ocurre es que algunos de esos problemas ya no existen.
Y, sin embargo, la solución permanece.
Cuando el paciente entiende esto, deja de sentirse culpable.
Ya no lucha contra su cuerpo.
Empieza a ofrecerle nuevas experiencias para que descubra alternativas más eficaces.
Ese cambio de enfoque suele marcar el inicio de una recuperación mucho más tranquila.
Qué puedes hacer desde hoy
Piensa en algún movimiento que evites desde hace tiempo.
Quizá subir una escalera deprisa.
Agacharte.
Caminar descalzo.
Ponerte de puntillas.
Pregúntate con honestidad.
¿Lo evito porque hoy realmente no puedo… o porque mi cuerpo aprendió hace tiempo que era más seguro no hacerlo?
Si la respuesta no está clara, quizá haya llegado el momento de explorar esa capacidad de forma progresiva y con ayuda profesional cuando sea necesario.
El organismo necesita experiencias nuevas para descubrir que ya no siempre hace falta protegerse.
🔬 En una frase
Recuperarse también significa permitir que el sistema nervioso sustituya estrategias antiguas por otras más adaptadas al presente.
La idea más importante
El cuerpo nunca deja de aprender.
Pero tampoco deja de reorganizar aquello que ya había aprendido.
La recuperación no consiste únicamente en reparar tejidos.
Consiste en actualizar la forma en que el cerebro interpreta esos tejidos y controla el movimiento.
Por eso muchas mejoras aparecen cuando el organismo descubre que puede volver a confiar en capacidades que nunca perdió del todo.
No estamos borrando el pasado.
Estamos ampliando el repertorio de posibilidades para el futuro.
Una pregunta para reflexionar
Piensa en algún movimiento que llevas tiempo evitando.
¿Es tu cuerpo el que sigue limitado… o es una estrategia antigua la que todavía no ha recibido suficientes razones para cambiar?
En el próximo artículo…
Hasta ahora hemos hablado del movimiento desde el punto de vista del cerebro y los tejidos.
Pero existe una pregunta todavía más profunda.
¿Qué ocurre cuando dejamos de movernos?
No solo perdemos fuerza.
No solo disminuye la resistencia.
También cambia la forma en que el organismo se percibe a sí mismo.
En el próximo capítulo hablaremos de un concepto que resume gran parte de todo este libro:
El cuerpo olvida aquello que deja de utilizar.
Descubriremos por qué la falta de movimiento no solo debilita músculos, sino que reduce la calidad de la información que recibe el sistema nervioso y limita su capacidad para adaptarse.