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ARTÍCULO 25 Tu cuerpo nunca deja completamente de aprender

12 de julio de 2026 por
JAVIER SALINERO MARTÍN

Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN

"La edad cambia la velocidad de la adaptación. No elimina la capacidad de adaptarse."

"Creo que ya es tarde para mí"

Es una frase que escucho con frecuencia.

La dicen personas de cincuenta años.

De sesenta.

De setenta.

A veces incluso alguien de cuarenta me dice:

—Ya no tengo edad para cambiar mi forma de caminar.

Siempre sonrío.

Porque entiendo perfectamente de dónde nace esa idea.

Durante mucho tiempo nos enseñaron que el cuerpo era una especie de máquina.

Que con los años iba desgastándose poco a poco.

Y que solo podíamos intentar frenar ese deterioro.

Pero hoy sabemos que esa imagen es incompleta.

El organismo no es una máquina que únicamente se desgasta.

Es un sistema vivo que sigue adaptándose mientras tenga motivos para hacerlo.

Cambiar forma parte de estar vivo

Desde el primer día de nuestra existencia estamos cambiando.

Aprendemos a levantar la cabeza.

A sentarnos.

A caminar.

A correr.

A mantener el equilibrio.

Después aprendemos otros movimientos.

Montar en bicicleta.

Conducir.

Escribir.

Bailar.

Nuestro cerebro modifica continuamente sus conexiones.

Los músculos responden a las cargas.

Los huesos se remodelan.

Los tendones cambian sus propiedades.

Nada permanece completamente igual.

La adaptación no es una excepción.

Es una de las características fundamentales de la vida.

La plasticidad no desaparece

Existe una palabra que resume gran parte de esta capacidad.

Plasticidad.

Significa que el sistema nervioso puede modificar su funcionamiento a partir de la experiencia.

Durante la infancia esa plasticidad es enorme.

Con el paso de los años algunos procesos se vuelven más lentos.

Pero no desaparecen.

Seguimos aprendiendo.

Seguimos adaptándonos.

Seguimos reorganizando la forma en la que el cerebro controla el movimiento.

No porque el tiempo deje de importar.

Sino porque la biología nunca deja completamente de cambiar.

Adaptarse exige una condición

Existe, sin embargo, un requisito imprescindible.

El cuerpo necesita recibir información.

Necesita movimiento.

Necesita experiencias.

Necesita retos que sean asumibles.

No puede adaptarse a aquello que nunca sucede.

Si durante años dejamos de utilizar una capacidad, el organismo entiende que ya no es prioritaria.

Pero cuando volvemos a estimularla de forma progresiva, muchas veces descubrimos que seguía esperando una oportunidad para reorganizarse.

El cuerpo no puede aprender aquello que no practica.

Pero tampoco olvida cómo aprender.

La mejora no siempre significa volver atrás

Hay personas que creen que recuperarse consiste en volver exactamente al punto donde estaban hace veinte años.

Eso rara vez ocurre.

Y tampoco debería ser el objetivo.

La adaptación no consiste en regresar al pasado.

Consiste en construir la mejor versión posible del organismo que tenemos hoy.

Con su historia.

Con sus cicatrices.

Con sus fortalezas.

Y también con sus limitaciones.

La salud no consiste en parecerse a quien fuimos.

Consiste en seguir siendo capaces de evolucionar.

¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?

Muchísimo.

Hay personas que creen que han utilizado un calzado convencional durante demasiados años y que ya no merece la pena cambiar.

Otras piensan que los músculos del pie ya no pueden fortalecerse.

Mi experiencia clínica dice otra cosa.

Cuando el proceso es progresivo y respetuoso con la capacidad de adaptación de cada persona, el organismo suele sorprendernos.

No porque vuelva a ser el de un niño.

Sino porque sigue siendo un organismo vivo.

Y un organismo vivo conserva una enorme capacidad para reorganizarse cuando recibe el estímulo adecuado.

Lo que veo cada día en consulta

Uno de los momentos que más disfruto es cuando un paciente descubre que puede hacer algo que daba por perdido.

Subir una cuesta sin dolor.

Caminar descalzo por casa con comodidad.

Mantener el equilibrio sobre un solo pie.

Jugar con sus nietos.

Volver a recorrer un sendero.

No son solo mejoras físicas.

Son cambios en la percepción que esa persona tiene de sí misma.

El cuerpo no solo recupera una función.

Recupera posibilidades.

Y eso transforma la forma de relacionarnos con el movimiento.

Qué puedes hacer desde hoy

Si llevas tiempo pensando que tu cuerpo ya no puede cambiar, prueba a sustituir esa idea por una pregunta diferente.

No te preguntes:

"¿Podré volver a ser como antes?"

Pregúntate:

"¿Qué pequeña capacidad podría empezar a mejorar desde hoy?"

Las grandes adaptaciones casi siempre comienzan con cambios muy pequeños.

Y el organismo responde mucho mejor a la constancia que a la prisa.

🔬 En una frase

Mientras exista capacidad de adaptación, existe capacidad de aprendizaje.

La idea más importante

El cuerpo humano nunca deja completamente de cambiar.

La velocidad puede disminuir.

Los tiempos de recuperación pueden ser diferentes.

Las estrategias pueden modificarse.

Pero la capacidad de adaptación continúa acompañándonos durante toda la vida.

Por eso nunca es demasiado tarde para mejorar una función.

Nunca es demasiado tarde para aprender un movimiento.

Nunca es demasiado tarde para ofrecer al organismo nuevas oportunidades para adaptarse.

Porque la adaptación no pertenece a la juventud.

Pertenece a la biología.

Una pregunta para reflexionar

Piensa en algo que hayas dejado de hacer porque asumiste que ya era imposible.

¿Y si el verdadero límite no estuviera en tu cuerpo... sino en la oportunidad que le has dado para volver a aprender?

En el próximo artículo…

Hasta ahora hemos hablado de cómo el organismo aprende, se adapta y cambia.

Pero todavía queda una pregunta fascinante.

Si el cuerpo es tan adaptable… ¿por qué a veces seguimos buscando soluciones rápidas en lugar de construir cambios duraderos?

En el próximo capítulo hablaremos de uno de los mayores enemigos de la adaptación: la impaciencia.

Descubriremos por qué el organismo trabaja a un ritmo muy diferente al de nuestras expectativas y por qué comprender los tiempos de la biología puede cambiar por completo nuestra forma de entender la recuperación.

ARTÍCULO 24 Entre adaptarse y protegerse: el equilibrio que gobierna todo tu cuerpo