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ARTÍCULO 23 Tu cuerpo no necesita la solución perfecta. Necesita la solución adecuada para ti.

10 de julio de 2026 por
JAVIER SALINERO MARTÍN

Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN

"La biomecánica no busca encontrar la respuesta correcta para todo el mundo. Busca comprender qué necesita cada persona para adaptarse mejor."

"¿Cuál es el mejor calzado?"

Es una de las preguntas que más me hacen.

Y también una de las más difíciles de responder.

Porque la mayoría espera escuchar un nombre.

Una marca.

Un modelo.

Una tecnología.

Sin embargo, mi respuesta casi siempre empieza igual.

—Depende.

No porque quiera evitar la pregunta.

Sino porque esa es, muchas veces, la respuesta más honesta que existe en biomecánica.

Depende de quién eres.

De cómo te mueves.

De qué has hecho durante los últimos años.

De tus objetivos.

De tus lesiones previas.

Del terreno.

Del tiempo que pasas caminando.

Del momento en el que se encuentra tu cuerpo.

El organismo nunca responde únicamente al estímulo.

Responde al estímulo… y a quién lo recibe.

La misma carga nunca significa lo mismo

Imagina dos personas.

Ambas recorren diez kilómetros.

El mismo recorrido.

La misma velocidad.

El mismo calzado.

Aparentemente han realizado exactamente el mismo esfuerzo.

Pero una termina con energía.

La otra desarrolla una tendinitis.

¿Qué ha cambiado?

No el recorrido.

Ha cambiado el organismo.

La capacidad muscular.

La calidad del descanso.

La experiencia previa.

La adaptación de los tejidos.

La coordinación.

La recuperación.

Incluso el nivel de estrés.

La carga no existe de forma aislada.

Siempre existe una relación entre la carga y la capacidad del organismo para asumirla.

El contexto también forma parte del tratamiento

Durante muchos años la medicina se centró principalmente en encontrar la estructura lesionada.

Hoy seguimos necesitando explorar los tejidos.

Pero sabemos que rara vez cuentan toda la historia.

La misma lesión puede evolucionar de forma muy diferente en dos personas.

Porque nadie llega a consulta siendo únicamente un pie.

O una rodilla.

O una espalda.

Cada paciente trae consigo una historia.

Un trabajo.

Una familia.

Un nivel de actividad.

Una forma de dormir.

Unas preocupaciones.

Unas expectativas.

Y todo ello modifica la manera en la que el organismo responde.

No porque el cuerpo y la mente sean dos mundos separados.

Sino porque nunca lo han sido.

Adaptarse no significa hacer lo mismo que otra persona

Vivimos rodeados de recomendaciones.

El entrenamiento que funciona para un amigo.

La plantilla que alivió a un compañero.

El ejercicio que alguien vio en internet.

Todo ello puede ser útil.

Pero copiar una solución sin comprender el problema rara vez ofrece buenos resultados.

Lo que ayudó a otra persona puede no ser lo que tu organismo necesita ahora mismo.

No porque tu cuerpo esté peor.

Simplemente porque es diferente.

Y la diferencia no es un defecto.

Es una característica de todos los sistemas biológicos.

¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?

Muchísimo.

Con frecuencia aparecen dos discursos opuestos.

Unos afirman que todo el mundo debería utilizar calzado minimalista.

Otros sostienen exactamente lo contrario.

Mi experiencia clínica me ha enseñado que ninguna de esas afirmaciones hace justicia a la realidad.

Hay personas que obtienen grandes beneficios.

Otras necesitan una transición muy lenta.

Y algunas, por diferentes motivos, pueden requerir otras estrategias.

El barefoot no es una identidad.

Es una herramienta.

Y, como cualquier herramienta, su utilidad depende del contexto y de la persona que la utiliza.

La pregunta importante nunca es:

"¿Es bueno el barefoot?"

La verdadera pregunta es:

"¿Es adecuado para esta persona, en este momento y con este objetivo?"

Lo que veo cada día en consulta

Una de las mayores satisfacciones de mi trabajo llega cuando un paciente deja de compararse.

Cuando entiende que no necesita caminar como otra persona.

Ni correr igual que ella.

Ni utilizar exactamente el mismo tratamiento.

Empieza a escuchar su propio cuerpo.

A comprender sus ritmos.

Sus límites.

Su capacidad de adaptación.

Ese cambio suele marcar un antes y un después.

Porque deja de perseguir una solución universal y empieza a construir una solución personal.

Y esa suele ser la más eficaz.

Qué puedes hacer desde hoy

La próxima vez que leas una recomendación sobre salud o movimiento, hazte una pregunta antes de ponerla en práctica.

¿Para quién era válida esa recomendación?

Y después añade otra.

¿Se parece esa persona realmente a mí?

Aprender a hacerse buenas preguntas es una de las mejores herramientas para cuidar el cuerpo.

Porque entender el contexto suele ser más útil que buscar respuestas universales.

🔬 En una frase

La eficacia de cualquier intervención depende tanto del estímulo como de la persona que lo recibe.

La idea más importante

La biomecánica no consiste en clasificar movimientos como correctos o incorrectos.

Consiste en comprender la relación entre una persona, una carga y un contexto.

Por eso el tratamiento más eficaz no suele ser el más moderno.

Ni el más caro.

Ni el más popular.

Suele ser aquel que mejor se adapta a las necesidades del organismo que tenemos delante.

No existen personas estándar.

Y, precisamente por eso, tampoco deberían existir soluciones estándar.

Una pregunta para reflexionar

Piensa en todos los consejos sobre salud y ejercicio que has recibido en los últimos años.

¿Cuántos estaban pensados realmente para ti… y cuántos eran recomendaciones generales aplicadas como si todas las personas fuéramos iguales?

En el próximo artículo…

A lo largo del blog hemos repetido muchas veces la palabra adaptación.

Pero todavía no hemos respondido a una cuestión fundamental.

¿Cómo sabe el cuerpo cuándo debe adaptarse… y cuándo debe protegerse?

¿Por qué algunas cargas generan mejora y otras desencadenan dolor?

¿Por qué un mismo estímulo puede fortalecer un tejido un día y sobrecargarlo al siguiente?

En el próximo capítulo hablaremos de uno de los principios más importantes de toda la biología: el equilibrio entre adaptación y protección.

Descubriremos que el organismo vive constantemente negociando entre dos objetivos que, a veces, parecen opuestos: cambiar para ser más capaz… y protegerse para seguir siendo viable.

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