Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN
"La salud no consiste en hacer siempre el mismo movimiento. Consiste en poder hacerlo de muchas maneras diferentes."
"¿Estoy caminando bien?"
Es una de las preguntas que más escucho en consulta.
La hacen corredores.
Personas mayores.
Pacientes con dolor.
Padres preocupados por la forma de caminar de sus hijos.
Todos esperan una respuesta sencilla.
Un sí.
O un no.
Pero la biomecánica rara vez funciona así.
Porque caminar bien no significa repetir exactamente el mismo patrón miles de veces.
Significa disponer de suficientes recursos para adaptarse a cada situación.
La naturaleza odia la rigidez
Observa un árbol durante un día de viento.
No permanece completamente inmóvil.
Se mueve.
Oscila.
Se adapta.
Esa capacidad para deformarse ligeramente es precisamente la que evita que se rompa.
Nuestro cuerpo funciona de una forma muy parecida.
Las articulaciones cambian continuamente unos pocos grados.
Los músculos modifican su tensión.
Los pies distribuyen la presión de forma diferente en cada paso.
La respiración altera el tono postural.
Nada permanece exactamente igual.
Y eso es una buena noticia.
Porque la vida tampoco permanece igual.
Dos pasos nunca son idénticos
Si pudiéramos registrar con enorme precisión cada uno de los pasos que das durante un paseo, descubriríamos algo sorprendente.
No existe ninguno exactamente igual al anterior.
La velocidad cambia unas décimas.
La presión bajo los dedos varía ligeramente.
El tiempo de apoyo es diferente.
Los músculos se activan con pequeñas diferencias.
Incluso el movimiento de los brazos cambia.
Durante muchos años estas pequeñas diferencias se interpretaron como errores.
Hoy sabemos que, en gran medida, forman parte del funcionamiento normal del organismo.
El sistema nervioso introduce pequeñas variaciones continuamente.
No porque sea impreciso.
Sino porque está repartiendo las cargas y adaptándose al entorno.
El problema no es cambiar
Curiosamente, muchas lesiones aparecen cuando dejamos de tener alternativas.
Cuando un tejido soporta siempre la misma carga.
Cuando una articulación se mueve siempre igual.
Cuando utilizamos siempre la misma estrategia.
No porque esa estrategia sea incorrecta.
Sino porque se convierte en la única disponible.
Imagina un pianista que solo pudiera tocar una nota.
O un escritor que solo conociera una palabra.
El problema no sería esa nota.
Ni esa palabra.
El problema sería la falta de opciones.
Con el movimiento ocurre exactamente lo mismo.
El cerebro siempre busca soluciones
Cada vez que el terreno cambia, el cerebro adapta la estrategia.
No caminamos igual sobre arena que sobre asfalto.
No utilizamos el mismo patrón cuando llevamos una mochila pesada.
Ni cuando estamos cansados.
Ni cuando caminamos descalzos.
Ni cuando esquivamos un charco.
El sistema nervioso modifica continuamente el movimiento para responder a las circunstancias.
Esa capacidad de elegir entre diferentes soluciones es uno de los mayores indicadores de salud.
No porque exista una técnica perfecta.
Sino porque existen muchas maneras eficaces de resolver un mismo problema.
¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?
Muchísimo.
Con frecuencia se dice que el barefoot enseña a caminar "correctamente".
Yo prefiero explicarlo de otra manera.
Un pie con más libertad dispone de más posibilidades para adaptarse.
Los dedos pueden participar.
El arco plantar modifica mejor su comportamiento.
Los músculos intrínsecos intervienen con mayor facilidad.
La información sensorial aumenta.
Eso no convierte automáticamente un movimiento en mejor.
Pero sí puede ampliar el repertorio de estrategias disponibles.
Y cuanto mayor es ese repertorio, más capacidad tiene el organismo para adaptarse a situaciones diferentes.
Lo que veo cada día en consulta
Hay pacientes que llegan obsesionados con colocar perfectamente cada parte del cuerpo.
Intentan caminar pensando en el talón.
En el arco.
En la rodilla.
En la pelvis.
En los hombros.
En la cabeza.
Al final dejan de caminar.
Empiezan a controlar cada movimiento.
Y el cuerpo pierde naturalidad.
Mi objetivo nunca es convertir a una persona en un robot biomecánico.
Es ayudarla a recuperar la confianza suficiente para que el movimiento vuelva a ser espontáneo.
Porque el sistema nervioso organiza mejor el movimiento cuando deja de luchar contra él.
Qué puedes hacer desde hoy
Introduce variedad en tu movimiento.
Cambia de recorrido cuando salgas a caminar.
Explora terrenos diferentes.
Sube una cuesta.
Baja unas escaleras.
Camina más despacio unos minutos y después acelera ligeramente.
No busques hacerlo perfecto.
Busca darle al cuerpo experiencias diferentes.
Cada una de ellas amplía el repertorio de soluciones del sistema nervioso.
Y un organismo con más recursos suele adaptarse mejor a los desafíos de la vida cotidiana.
🔬 En una frase
La variabilidad no es un defecto del movimiento. Es una de sus mayores fortalezas.
La idea más importante
El objetivo de la biomecánica no debería ser fabricar personas que se muevan siempre igual.
Debería ser ayudar a que cada persona disponga de suficientes estrategias para adaptarse a cualquier situación.
Porque el movimiento perfecto no existe.
Lo que existe es un organismo extraordinariamente inteligente que cambia continuamente para seguir siendo eficiente.
La verdadera estabilidad no nace de la rigidez.
Nace de la capacidad para cambiar cuando el entorno lo exige.
Una pregunta para reflexionar
Cuando intentas mejorar tu forma de moverte…
¿Estás buscando copiar un patrón ideal… o estás ampliando el número de soluciones que tu cuerpo puede utilizar?
En el próximo artículo…
Hasta ahora hemos hablado de cómo el cuerpo aprende, se adapta y organiza el movimiento.
Pero existe un factor que puede cambiar completamente esa organización en apenas unos segundos.
No es un músculo.
No es una articulación.
Ni siquiera una lesión.
Es el miedo.
¿Por qué caminamos diferente cuando pensamos que vamos a caernos?
¿Por qué una antigua lesión puede seguir modificando nuestra forma de movernos incluso años después?
¿Y cómo puede una emoción alterar la biomecánica sin que apenas nos demos cuenta?
En el próximo capítulo entraremos en uno de los temas más apasionantes de la neurobiomecánica: la relación entre el miedo, la confianza y el movimiento.