Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN
"Durante años hemos culpado al hueso. Pero un juanete no empieza cuando el hueso sobresale. Empieza mucho antes, cuando la biomecánica del pie deja de trabajar en equilibrio."
Hay una pregunta que escucho prácticamente todas las semanas en consulta.
—"¿Por qué me ha salido un juanete?"
La mayoría de las personas esperan una respuesta sencilla.
"Es hereditario."
"O es por los zapatos."
Y es cierto que tanto la genética como el calzado pueden influir.
Pero, como ocurre con casi todos los problemas del aparato locomotor, la realidad es bastante más compleja.
Como podólogo especialista en biomecánica, rara vez encuentro una única causa.
Lo que suelo encontrar es la suma de muchos pequeños factores que, durante años, han ido modificando la forma en la que ese pie soporta las cargas.
Porque un juanete no aparece de un día para otro.
Es el resultado de un proceso que, en muchos casos, lleva desarrollándose durante décadas.
Lo que dice la biomecánica
El nombre médico del juanete es hallux valgus.
Se produce cuando el primer dedo del pie comienza a desviarse progresivamente hacia los demás dedos, mientras el primer metatarsiano se desplaza en sentido contrario.
El resultado es esa prominencia ósea que muchas personas identifican como "el hueso del juanete".
Sin embargo, ese hueso no ha crecido.
Lo que ha cambiado es la posición de la articulación.
Y esa diferencia es importante.
Porque el problema no consiste únicamente en que aparezca un bulto.
Consiste en que la mecánica del primer dedo empieza a alterarse.
El dedo gordo desempeña un papel fundamental durante la marcha.
Participa en el equilibrio.
En la estabilidad.
Y en la fase final del impulso al caminar.
Cuando esa articulación deja de alinearse correctamente, todo el funcionamiento del pie puede verse afectado.
Por eso, un juanete no es únicamente una cuestión estética.
Es una alteración biomecánica.
¿Por qué aparece?
No existe una única explicación.
La aparición de un hallux valgus suele depender de varios factores que actúan al mismo tiempo.
La predisposición genética.
Determinadas características anatómicas.
La movilidad de las articulaciones.
La forma de caminar.
La estabilidad del primer radio.
La laxitud ligamentosa.
La fuerza de la musculatura.
Y, por supuesto, el tipo de calzado utilizado durante años.
Cada uno de estos elementos puede aumentar o disminuir la carga que soporta la articulación del dedo gordo.
Y cuanto más tiempo permanezca esa carga desequilibrada, mayor será la probabilidad de que aparezca la deformidad.
Por eso dos personas pueden utilizar exactamente el mismo tipo de zapatos durante toda la vida.
Y solo una desarrollar un juanete.
Lo que veo cada día en consulta
Como podólogo especialista en biomecánica, una de las primeras cosas que intento transmitir es tranquilidad.
Muchas personas llegan pensando que el juanete apareció "de repente".
Pero, cuando exploramos el pie, suele ser evidente que el proceso llevaba años evolucionando.
En ocasiones descubro que la persona tiene antecedentes familiares.
En otras, una hipermovilidad importante del primer metatarsiano.
O una mecánica de marcha que favorece la desviación progresiva del dedo.
También observo con frecuencia que el dolor no siempre guarda relación con el tamaño del juanete.
He visto deformidades muy llamativas que apenas producen molestias.
Y juanetes pequeños que generan un dolor importante.
Eso demuestra que el verdadero problema no siempre es el aspecto del pie.
Sino cómo está funcionando esa articulación.
El error más frecuente
Uno de los mayores errores consiste en pensar que el juanete aparece únicamente porque el zapato "empuja" el dedo hacia dentro.
Si eso fuera cierto, todas las personas que utilizan calzado estrecho tendrían juanetes.
Y sabemos que no ocurre así.
El calzado puede acelerar un proceso cuando ya existe una predisposición.
Puede aumentar las molestias.
Puede favorecer la progresión.
Pero rara vez explica por sí solo la aparición de la deformidad.
Del mismo modo, tampoco podemos pensar que un cambio de calzado hará desaparecer un juanete ya formado.
La biomecánica es bastante más compleja.
Y las soluciones simples casi nunca reflejan esa complejidad.
¿Por qué algunas personas desarrollan un juanete y otras no?
Esta es una de las preguntas más interesantes.
Y probablemente una de las más importantes.
Porque nos recuerda que no tratamos enfermedades.
Tratamos personas.
Cada pie tiene una anatomía diferente.
Una movilidad distinta.
Una forma particular de distribuir las cargas.
Una historia propia.
Por eso, dos personas con un juanete aparentemente igual pueden necesitar recomendaciones completamente diferentes.
Como podólogo, nunca tomo decisiones basándome únicamente en una radiografía o en una fotografía del pie.
Necesito verlo caminar.
Analizar cómo se mueve.
Comprender por qué esa articulación está soportando determinadas cargas.
Solo entonces podemos decidir cuál es la mejor estrategia.
Qué puedes hacer
Si observas que el dedo gordo empieza a desviarse, no esperes a que aparezca un dolor intenso para consultar. Cuanto antes se valore, más opciones existen para ralentizar su evolución.
Utiliza un calzado con una puntera amplia que permita a los dedos mantener una posición natural y reduzca la presión sobre la articulación.
Mantén una buena movilidad del primer dedo y trabaja la musculatura del pie cuando esté indicado. Un pie funcional tolera mejor las cargas.
No elijas tratamientos únicamente por el aspecto del juanete. Lo importante es comprender cómo está funcionando esa articulación.
Acude a un podólogo para realizar una valoración biomecánica completa. Cada juanete tiene una historia diferente y no todos necesitan el mismo tratamiento.
Conclusión
Los juanetes no aparecen porque un día el hueso decida crecer.
Aparecen cuando, durante años, múltiples factores modifican la forma en la que trabaja una de las articulaciones más importantes del pie.
Como podólogo, desconfío de las explicaciones que buscan una única causa para un problema tan complejo.
Ni todo depende de la genética.
Ni todo depende del calzado.
La realidad suele encontrarse en el equilibrio entre la anatomía, la biomecánica y las cargas que ese pie ha soportado a lo largo del tiempo.
Mi trabajo no consiste únicamente en observar un juanete.
Consiste en comprender por qué ha aparecido y qué podemos hacer para que ese pie siga funcionando de la mejor manera posible.
Porque, muchas veces, el verdadero problema no es el bulto que vemos por fuera.
Es todo lo que ha ocurrido en silencio mucho antes de que ese bulto empezara a hacerse visible.