Ir al contenido

ARTÍCULO 54 El cuerpo no es una máquina que reparar. Es un organismo con el que aprender a colaborar.

9 de agosto de 2026 por
JAVIER SALINERO MARTÍN

Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN

"El cuerpo nunca nos pidió que lo domináramos. Siempre nos pidió que aprendiéramos a escucharlo, comprenderlo y colaborar con él."

"¿Qué tengo roto?"

Es, probablemente, la primera pregunta que muchas personas hacen cuando aparece el dolor.

¿Qué músculo?

¿Qué tendón?

¿Qué hueso?

¿Qué estructura está fallando?

No es una mala pregunta.

Durante muchos años, la medicina ha salvado millones de vidas precisamente porque ha aprendido a identificar tejidos dañados y a tratarlos.

Pero, con el tiempo, comprendí que esa pregunta, siendo importante, muchas veces era insuficiente.

Porque incluso cuando encontramos la estructura afectada, todavía queda otra cuestión mucho más interesante.

¿Qué está intentando hacer el organismo para protegerse, adaptarse o recuperarse?

En ese momento, la conversación cambia.

Dejamos de buscar únicamente una avería.

Empezamos a comprender una respuesta.

Una máquina se repara. Un organismo aprende.

Si un reloj deja de funcionar, cambiamos una pieza.

Si un coche rompe una correa, la sustituimos.

Esperamos que, después de la reparación, todo vuelva exactamente al estado anterior.

Nuestro cuerpo funciona de otra manera.

Cuando un hueso consolida una fractura, no coloca una pieza nueva.

Construye tejido vivo.

Cuando un tendón se adapta al entrenamiento, reorganiza sus fibras.

Cuando el cerebro aprende un movimiento, modifica conexiones neuronales.

Nada permanece exactamente igual.

La biología no repara copiando.

La biología transforma.

El cuerpo nunca deja de negociar

Hay algo que me fascina del organismo humano.

Nunca deja de tomar decisiones.

Mientras caminamos, decide cómo distribuir el peso.

Mientras dormimos, reorganiza tejidos.

Después de una lesión, modifica estrategias de movimiento.

Cuando envejecemos, busca nuevas formas de mantener el equilibrio.

Incluso cuando aparece el dolor, el cuerpo no está dejando de funcionar.

Está intentando resolver un problema con la información y los recursos de los que dispone en ese momento.

No siempre acierta.

Pero siempre participa.

Y esa diferencia cambia completamente la forma de entender la salud.

Escuchar no significa obedecer

A veces se malinterpreta la idea de escuchar al cuerpo.

Algunas personas creen que significa detener cualquier actividad ante la mínima molestia.

Otras piensan justo lo contrario.

Que hay que ignorar cualquier señal y seguir adelante.

Ninguno de los extremos suele ser útil.

Escuchar implica algo diferente.

Observar.

Interpretar.

Comprender.

Tomar decisiones.

Exactamente igual que hacemos durante una conversación con alguien a quien respetamos.

El cuerpo no necesita obediencia ciega.

Necesita diálogo.

Colaborar exige confianza

Cuando desconfiamos del cuerpo, cualquier sensación puede convertirse en una amenaza.

Cada paso se analiza.

Cada molestia genera preocupación.

Cada movimiento parece un examen.

Sin embargo, cuando comprendemos cómo funciona el organismo, algo cambia.

Seguimos prestando atención.

Pero dejamos de vivir en alerta permanente.

La confianza no elimina las dificultades.

Nos permite atravesarlas de una forma distinta.

Y esa confianza se construye con conocimiento, experiencia y movimiento.

No con promesas.

¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?

Muchísimo.

Durante muchos años se ha presentado el barefoot como una solución.

Yo prefiero entenderlo como una conversación.

Un tipo de calzado que permite que el pie participe más.

Que reciba más información.

Que vuelva a asumir funciones para las que está preparado cuando las circunstancias lo permiten.

No convierte automáticamente a nadie en más sano.

No hace milagros.

Simplemente facilita una colaboración diferente entre el cuerpo y el entorno.

Y esa colaboración solo tiene sentido cuando respetamos el ritmo de adaptación de cada persona.

Porque el protagonista nunca ha sido el zapato.

Siempre ha sido el organismo.

Lo que veo cada día en consulta

Después de muchos años de profesión, hay algo que me emociona especialmente.

No ocurre cuando desaparece un dolor.

O cuando un paciente vuelve a correr.

Ni siquiera cuando recupera la movilidad.

Sucede cuando cambia su forma de hablar del cuerpo.

Cuando deja de decir:

"Mi pie me está fallando."

Y empieza a decir:

"Creo que ahora entiendo lo que estaba intentando decirme."

Ese momento vale mucho más que cualquier exploración.

Porque el tratamiento ya no depende solo de mí.

Empieza a formar parte de la propia persona.

Y ese es, probablemente, el mayor objetivo de cualquier profesional sanitario.

Qué puedes hacer desde hoy

La próxima vez que aparezca una molestia, una limitación o una sensación nueva, intenta cambiar una sola frase.

En lugar de pensar:

"¿Qué parte de mi cuerpo está fallando?"

Pregúntate:

"¿Qué está intentando hacer mi cuerpo para adaptarse a esta situación?"

Puede que no encuentres la respuesta inmediatamente.

Pero esa pregunta cambia por completo la relación con el organismo.

Porque deja de verlo como un enemigo.

Empieza a verlo como un compañero.

🔬 En una frase

El cuerpo no necesita que luchemos contra él. Necesita que comprendamos cómo intenta protegernos, adaptarse y seguir avanzando.

La idea más importante

A lo largo de este libro hemos hablado de pies, músculos, tendones, articulaciones, equilibrio, dolor, barefoot y movimiento.

Pero, en realidad, todos esos temas apuntaban hacia una misma conclusión.

El cuerpo humano no es una máquina formada por piezas independientes que deban repararse una a una.

Es un organismo vivo, dinámico y extraordinariamente adaptable.

Su fortaleza no reside en la perfección.

Reside en su capacidad para aprender, reorganizarse y encontrar nuevas soluciones ante los desafíos que la vida le presenta.

Cuando comprendemos eso, dejamos de preguntarnos únicamente cómo corregir un problema.

Empezamos a preguntarnos cómo ayudar al organismo a utilizar mejor sus propios recursos.

Y quizá esa sea la esencia de la salud.

No controlar el cuerpo.

Sino aprender a colaborar con él.

Una pregunta para reflexionar

Piensa en la forma en que hablas de tu cuerpo.

¿Lo tratas como una máquina que debe obedecerte… o como un compañero con el que llevas toda una vida aprendiendo a convivir?

Quizá la respuesta cambie mucho más que tu forma de moverte.

En el próximo artículo…

Solo queda un paso.

No será un capítulo sobre biomecánica.

Será una despedida.

Una conversación entre autor y lector.

Un momento para mirar atrás y descubrir que, desde el primer capítulo, nunca hemos estado buscando el zapato perfecto, el pie perfecto o el movimiento perfecto.

Hemos estado buscando algo mucho más valioso.

Una manera diferente de comprender el cuerpo.

Y creo que ese último capítulo puede cerrar el libro con una idea que el lector recuerde durante muchos años:

"El mayor descubrimiento de este viaje no ha sido aprender cómo funciona el pie. Ha sido descubrir de lo que es capaz el ser humano cuando deja de luchar contra su cuerpo y empieza a caminar junto a él."

ARTÍCULO 53 La salud no consiste en no tener problemas. Consiste en seguir adaptándose.