Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN
"La salud no consiste en construir un cuerpo que nunca necesite adaptarse. Consiste en conservar un cuerpo capaz de seguir adaptándose durante toda la vida."
"Solo quiero volver a estar como antes"
Es una frase que escucho con frecuencia.
Después de una lesión.
Tras una operación.
Cuando aparece un dolor que lleva meses acompañando a una persona.
—Solo quiero volver a estar como antes.
Siempre entiendo ese deseo.
Todos queremos recuperar aquello que sentimos que hemos perdido.
Pero con los años he aprendido que el cuerpo casi nunca vuelve exactamente al lugar del que salió.
Y, curiosamente, eso no significa una mala noticia.
Porque el organismo no vive mirando hacia atrás.
Vive adaptándose hacia delante.
La vida cambia constantemente
Si observamos nuestro cuerpo a lo largo de los años, veremos una historia de cambios continuos.
El niño aprende a caminar.
El adolescente descubre nuevas capacidades.
El adulto soporta cargas diferentes.
Con el paso del tiempo aparecen nuevas experiencias, nuevas lesiones, nuevas responsabilidades y nuevos desafíos.
Nada permanece igual.
Sin embargo, muchas veces seguimos esperando que la salud signifique mantener el mismo cuerpo para siempre.
Quizá esa expectativa sea imposible.
Porque la biología nunca prometió inmovilidad.
Prometió adaptación.
Adaptarse no significa resistir
Existe una idea muy extendida.
Pensamos que adaptarse consiste en soportar más.
En aguantar.
En hacerse fuerte.
Pero el organismo utiliza estrategias mucho más inteligentes.
A veces adapta aumentando la fuerza.
Otras mejorando la coordinación.
En ocasiones reduciendo temporalmente la carga.
Y, muchas veces, cambiando completamente la forma de resolver un movimiento.
Adaptarse no consiste en hacer siempre lo mismo con más esfuerzo.
Consiste en encontrar una respuesta eficaz para cada situación.
La flexibilidad no pertenece solo a las articulaciones.
También pertenece a la forma en que el organismo aprende.
La perfección nunca fue el objetivo
Vivimos rodeados de mensajes que hablan del cuerpo perfecto.
La postura perfecta.
La técnica perfecta.
El zapato perfecto.
La alimentación perfecta.
Sin darnos cuenta, empezamos a perseguir una versión idealizada de nosotros mismos.
Pero la naturaleza parece tener otros planes.
No fabrica organismos perfectos.
Fabrica organismos capaces de responder a lo inesperado.
Un árbol no demuestra su fortaleza porque nunca se mueva.
La demuestra porque puede doblarse con el viento sin romperse.
Nuestro cuerpo funciona de una manera muy parecida.
Cada desafío deja una enseñanza
Cuando superamos una lesión, el organismo aprende.
Cuando empezamos a entrenar, aprende.
Cuando caminamos por un terreno desconocido, aprende.
Incluso cuando fracasamos, el sistema nervioso obtiene información para reorganizar la siguiente respuesta.
Eso significa que cada experiencia modifica, de alguna manera, el cuerpo con el que afrontaremos la siguiente.
La adaptación nunca termina.
Y quizá esa sea la característica más extraordinaria de un organismo vivo.
¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?
Más de lo que parece.
Durante muchos capítulos hemos hablado de zapatos, plantillas, dolor, equilibrio, propiocepción, fuerza o movimiento.
Pero ninguno de esos temas era el verdadero centro de la historia.
Todos apuntaban hacia la misma idea.
El cuerpo necesita oportunidades para adaptarse.
El barefoot no pretende construir un organismo mejor.
Pretende ofrecer un contexto en el que determinadas capacidades puedan volver a participar.
Es una herramienta.
No un destino.
Porque la salud nunca depende únicamente del calzado.
Depende de la capacidad del organismo para responder a la vida.
Lo que veo cada día en consulta
Después de muchos años trabajando con pacientes, hay algo que me impresiona una y otra vez.
Las personas que mejor evolucionan no suelen ser las que nunca tienen dificultades.
Son las que aprenden a relacionarse con ellas de otra manera.
Aceptan que el cuerpo cambia.
Que algunos días serán mejores que otros.
Que adaptarse exige paciencia.
Y que avanzar no siempre significa hacerlo en línea recta.
Cuando esa comprensión aparece, también cambia la forma de vivir el movimiento.
Ya no se busca un cuerpo perfecto.
Se construye un cuerpo disponible.
Y esa diferencia lo cambia todo.
Qué puedes hacer desde hoy
La próxima vez que tu cuerpo no responda como esperabas, intenta cambiar la pregunta.
En lugar de pensar:
"¿Qué está fallando?"
Pregúntate:
"¿Qué necesita mi cuerpo para adaptarse a esta situación?"
Puede necesitar descanso.
Puede necesitar movimiento.
Puede necesitar tiempo.
Puede necesitar ayuda.
La respuesta será diferente para cada persona.
Pero la pregunta casi siempre es la correcta.
🔬 En una frase
La salud no se mide por la ausencia de cambios. Se mide por la capacidad del organismo para responder a ellos.
La idea más importante
A lo largo de este libro hemos hablado del pie, del dolor, del aprendizaje, del equilibrio, del calzado, de las plantillas y del movimiento.
Sin embargo, todas esas conversaciones conducían al mismo lugar.
El organismo humano no está diseñado para permanecer inmóvil.
Está diseñado para cambiar.
La verdadera salud no consiste en evitar todas las lesiones, todos los errores o todas las dificultades.
Consiste en conservar la capacidad de aprender de ellas, reorganizarse y seguir avanzando.
Porque un cuerpo vivo no es el que nunca necesita adaptarse.
Es el que todavía puede hacerlo.
Y mientras exista esa capacidad, siempre existirá la posibilidad de recuperar, mejorar y volver a moverse con libertad.
Una pregunta para reflexionar
Si pudieras definir tu salud con una sola palabra, ¿elegirías perfección... o capacidad para adaptarte?
Quizá la respuesta cambie también la manera en que decides cuidar de ti.
En el próximo artículo…
Después de hablar durante tantos capítulos sobre biomecánica, neurociencia y adaptación, queda una última reflexión.
Una que no trata de pies.
Ni de zapatos.
Ni siquiera de movimiento.
Habla de nuestra forma de mirar el cuerpo.
Porque quizá el mayor error no haya sido caminar de una manera u otra.
Quizá el mayor error haya sido pensar que el cuerpo es una máquina que necesita piezas nuevas cuando falla.
En el próximo capítulo cerraremos el viaje con una idea que resume toda la filosofía de esta obra:
El cuerpo no es una máquina que reparar. Es un organismo con el que aprender a colaborar.