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ARTÍCULO 52 A veces el tejido ya ha curado. Lo que todavía necesita recuperarse es la confianza.

7 de agosto de 2026 por
JAVIER SALINERO MARTÍN

Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN

"El último tejido que a veces necesita recuperarse después de una lesión no es un músculo ni un tendón. Es la confianza con la que el cerebro vuelve a permitir el movimiento."

"Todo está bien… pero sigo teniendo dolor"

Hace unos años atendí a un corredor que había sufrido un esguince de tobillo.

Había seguido el tratamiento.

Había recuperado la movilidad.

La fuerza era prácticamente igual que en la otra pierna.

Las pruebas de imagen no mostraban ninguna lesión relevante.

Sin embargo, seguía caminando con cautela.

Cada vez que el terreno era irregular, disminuía el paso.

Evitaba ciertos movimientos.

Y una frase aparecía constantemente durante la consulta.

—Siento que el tobillo todavía no es de fiar.

Lo más llamativo no era el estado del tobillo.

Era la relación que su cerebro seguía teniendo con él.

Curar y recuperarse no siempre ocurren al mismo tiempo

Cuando pensamos en una lesión solemos imaginar un proceso muy sencillo.

El tejido se rompe.

El tejido cicatriza.

El problema desaparece.

Pero la biología rara vez sigue un camino tan lineal.

Mientras un ligamento cicatriza, el sistema nervioso también está aprendiendo.

Aprende qué movimientos fueron dolorosos.

Qué situaciones generaron peligro.

Qué posiciones conviene evitar.

Ese aprendizaje es útil durante la fase aguda.

Protege.

Reduce riesgos.

Favorece la reparación.

El problema aparece cuando esa estrategia protectora permanece activa mucho después de que el tejido haya recuperado su capacidad.

El cerebro también tiene memoria

Todos sabemos montar en bicicleta aunque hayan pasado años.

Nuestro sistema nervioso recuerda.

Con el dolor ocurre algo parecido.

Después de una lesión importante, el cerebro puede asociar determinados movimientos con una experiencia desagradable.

No porque esos movimientos sigan siendo peligrosos.

Sino porque una vez lo fueron.

Esa memoria no significa que exista daño.

Significa que el organismo está siendo prudente.

A veces, demasiado prudente.

La protección puede quedarse más tiempo del necesario

Imagina una alarma de incendios.

Su función es avisar cuando existe humo.

Ahora imagina que, después de apagar el fuego, la alarma continúa sonando durante horas.

La alarma no está averiada porque sonara al principio.

Está funcionando de más.

Con algunos procesos de dolor persistente puede ocurrir algo parecido.

El sistema nervioso mantiene un nivel de vigilancia elevado aunque el tejido haya cicatrizado.

No porque el organismo se haya equivocado.

Sino porque proteger siempre ha sido una prioridad evolutiva.

La cuestión es ayudarle a comprender que el peligro ya no es el mismo.

Recuperar el movimiento también es recuperar la confianza

Por eso la rehabilitación no consiste únicamente en fortalecer músculos o mejorar la movilidad.

También consiste en ofrecer al cerebro experiencias repetidas de movimiento seguro.

Cada paso sin consecuencias negativas.

Cada ejercicio que el organismo completa con éxito.

Cada actividad que deja de percibirse como una amenaza.

Todo ello va modificando la interpretación del sistema nervioso.

La confianza no aparece porque alguien nos diga que todo está bien.

Aparece cuando el cerebro acumula suficientes experiencias para volver a creerlo.

¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?

Muchísimo.

Algunas personas descubren que un calzado más flexible les ayuda a recuperar sensaciones, movilidad y participación del pie.

Otras necesitan primero disminuir la carga o utilizar herramientas diferentes antes de sentirse preparadas.

El barefoot no genera confianza por sí mismo.

Lo que puede hacer es convertirse en una oportunidad para que el organismo vuelva a explorar movimientos que había dejado de realizar.

Pero esa exploración debe producirse sin prisas y sin miedo.

No se trata de demostrar que el pie puede hacerlo todo desde el primer día.

Se trata de permitir que el sistema nervioso vuelva a comprobar, paso a paso, que el movimiento puede ser seguro.

Lo que veo cada día en consulta

Hay un instante muy especial durante algunas recuperaciones.

No coincide con la desaparición del dolor.

Coincide con otra cosa.

El paciente deja de pensar constantemente en la zona lesionada.

Empieza a caminar sin vigilar cada paso.

Sube unas escaleras sin anticipar el miedo.

Corre unos metros y, cuando termina, se da cuenta de que no ha estado pendiente del tobillo, del pie o de la rodilla.

Ese momento suele pasar desapercibido.

Pero para mí es uno de los mejores indicadores de recuperación.

Porque el organismo no solo ha recuperado capacidad física.

Ha recuperado confianza.

Y pocas cosas cambian tanto la forma de moverse como volver a confiar en el propio cuerpo.

Qué puedes hacer desde hoy

Si estás recuperándote de una lesión, intenta observar algo más que el dolor.

Pregúntate:

¿Hay movimientos que hoy hago con menos miedo que hace un mes?

¿Hay actividades que antes evitaba y ahora vuelvo a realizar?

¿Pienso menos en la lesión mientras me muevo?

A veces, esos cambios anuncian la recuperación incluso antes de que desaparezcan todas las molestias.

Porque sanar también significa dejar de vivir pendiente de una parte del cuerpo.

🔬 En una frase

La recuperación no termina cuando cicatriza un tejido. Termina cuando el sistema nervioso vuelve a confiar en que puede utilizarlo con seguridad.

La idea más importante

El dolor persistente no siempre indica que el organismo siga dañado.

En ocasiones refleja que el sistema nervioso continúa utilizando estrategias de protección aprendidas durante una lesión pasada.

Por eso la recuperación completa no consiste únicamente en reparar tejidos.

Consiste también en reconstruir la confianza.

Cada movimiento seguro, cada experiencia positiva y cada paso que el cerebro deja de interpretar como una amenaza forman parte del tratamiento.

La biología no solo cicatriza estructuras.

También actualiza expectativas.

Y cuando ambas vuelven a encontrarse, el movimiento recupera su naturalidad.

Una pregunta para reflexionar

Piensa en una lesión importante que hayas superado.

¿Qué llegó antes: la desaparición completa del dolor… o el momento en que dejaste de pensar constantemente en esa parte de tu cuerpo?

Quizá la verdadera recuperación comenzó el día en que el miedo dejó de dirigir tus movimientos.

En el próximo artículo…

Después de recorrer el funcionamiento del pie, el dolor, el aprendizaje, el desarrollo infantil, el calzado y la recuperación, aparece una pregunta que va mucho más allá de la podología.

¿Qué significa realmente cuidar nuestro cuerpo?

Vivimos rodeados de productos, tratamientos y promesas que aseguran proteger nuestra salud.

Pero, ¿y si el mejor cuidado no consistiera en hacer más cosas por el cuerpo, sino en ofrecerle las condiciones para hacer aquello para lo que está diseñado?

En el próximo capítulo hablaremos de una idea que resume toda la filosofía de este libro:

La salud no es la ausencia de problemas. Es la capacidad de adaptarse a ellos.

ARTÍCULO 51 Las plantillas no debilitan el pie. La pregunta es otra: ¿qué trabajo está haciendo el cuerpo?