Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN
"El cuerpo vive negociando continuamente entre dos necesidades: mejorar para el futuro y protegerse en el presente."
"No entiendo mi cuerpo"
Es una frase que escucho muchas veces.
"Un día camino diez kilómetros y no pasa nada."
"Al día siguiente me duele después de dos."
"Hay semanas en las que todo va bien."
"Y otras en las que parece que mi cuerpo se ha olvidado de cómo moverse."
Durante mucho tiempo pensé que estas situaciones eran excepcionales.
Hoy sé que forman parte del funcionamiento normal del organismo.
Porque el cuerpo no toma decisiones siguiendo una regla fija.
Evalúa constantemente la situación.
Y modifica su comportamiento en función de lo que considera más importante en ese momento.
Adaptarse cuesta energía
Nos gusta pensar que mejorar es algo automático.
Pero no lo es.
Cada adaptación exige recursos.
Construir músculo consume energía.
Reforzar un tendón necesita tiempo.
Aprender un nuevo patrón de movimiento requiere práctica.
Modificar conexiones neuronales implica reorganizar el sistema nervioso.
Todo cambio tiene un coste.
Por eso el organismo no se adapta simplemente porque nosotros queramos.
Se adapta cuando considera que merece la pena invertir esos recursos.
Y esa decisión depende del contexto.
Protegerse también tiene un precio
La protección es una de las funciones más inteligentes del cuerpo.
Cuando aparece dolor.
Cuando disminuye la movilidad.
Cuando aumenta la tensión muscular.
Cuando caminamos con más cautela.
El organismo está intentando reducir un riesgo.
Ese mecanismo ha permitido sobrevivir a nuestra especie durante miles de generaciones.
Pero también tiene un coste.
Moverse menos reduce la información que recibe el sistema nervioso.
Los tejidos soportan menos carga.
Disminuye la capacidad física.
La confianza se deteriora.
Y, si la protección se mantiene demasiado tiempo, aquello que inicialmente nos ayudaba puede empezar a limitar nuestra capacidad de adaptación.
El problema nunca suele ser protegerse.
El problema aparece cuando el cuerpo ya no sabe cuándo dejar de hacerlo.
El organismo está negociando continuamente
Cada día el cerebro responde, aunque no seamos conscientes.
¿He dormido bien?
¿Estoy recuperado?
¿Percibo seguridad?
¿Tengo suficiente energía?
¿El entorno es estable?
¿La carga es asumible?
No responde con palabras.
Responde modificando el movimiento.
Aumentando o reduciendo el tono muscular.
Cambiando la percepción del esfuerzo.
Facilitando la adaptación.
O priorizando la protección.
La biomecánica no es una fotografía.
Es una conversación permanente.
Cuando el cuerpo se siente seguro, invierte
Piensa en un niño aprendiendo a caminar.
Se cae.
Se levanta.
Vuelve a intentarlo.
Explora.
Experimenta.
Su cerebro dedica enormes cantidades de energía a aprender porque interpreta que merece la pena.
El organismo invierte donde percibe oportunidades.
Lo mismo ocurre durante toda la vida.
Cuando el cuerpo percibe que dispone de descanso, recursos, movimiento suficiente y un entorno relativamente seguro, suele aumentar su capacidad de adaptación.
Aprende.
Se fortalece.
Refina el movimiento.
Amplía su repertorio de soluciones.
La seguridad favorece el aprendizaje.
Cuando el cuerpo percibe amenaza, ahorra
Ahora imagina la situación contraria.
Dolor.
Estrés.
Fatiga.
Poco sueño.
Incertidumbre.
El cerebro interpreta que no es el mejor momento para gastar recursos en mejorar.
Primero necesita garantizar la supervivencia.
Entonces aparecen respuestas protectoras.
No porque el cuerpo quiera perjudicarnos.
Sino porque está intentando ayudarnos con la información de la que dispone.
Desde fuera puede parecer una reacción exagerada.
Desde dentro tiene sentido biológico.
El organismo siempre toma decisiones intentando aumentar las probabilidades de seguir funcionando.
¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?
Todo.
Hay personas que piensan que ponerse un calzado minimalista fortalecerá automáticamente sus pies.
Pero el organismo no funciona así.
Si la transición es demasiado rápida.
Si existe miedo.
Si hay fatiga acumulada.
Si la carga supera la capacidad de adaptación.
El cerebro puede interpretar esa experiencia como una amenaza.
Y responder aumentando la protección.
En cambio, cuando la transición respeta los tiempos del organismo, el sistema recibe un mensaje completamente distinto.
"Esto es nuevo."
"Supone un desafío."
"Pero es asumible."
Y entonces aparecen las adaptaciones que buscamos.
No porque el barefoot tenga propiedades mágicas.
Sino porque el cuerpo ha decidido invertir en aprender.
Lo que veo cada día en consulta
Hay un momento especialmente bonito durante muchos tratamientos.
Sucede cuando el paciente deja de preguntarme:
"¿Cuándo desaparecerá el dolor?"
Y empieza a preguntarme:
"¿Cómo puedo ayudar a mi cuerpo a volver a adaptarse?"
Ese cambio de pregunta transforma completamente la recuperación.
Porque deja de luchar contra el organismo.
Empieza a colaborar con él.
Y, muchas veces, esa colaboración marca el verdadero punto de inflexión.
No intentamos vencer al cuerpo.
Intentamos comprender cómo toma sus decisiones.
Qué puedes hacer desde hoy
La próxima vez que aparezca una molestia, intenta hacer un ejercicio diferente.
En lugar de preguntarte únicamente:
"¿Qué parte de mi cuerpo está fallando?"
Pregúntate:
"¿Qué está intentando proteger mi organismo?"
Y añade una segunda pregunta.
"¿Qué necesitaría para volver a sentirse lo suficientemente seguro como para adaptarse?"
A veces la respuesta será movimiento.
Otras será descanso.
En ocasiones será reducir temporalmente la carga.
Y muchas veces será una combinación de todo ello.
🔬 En una frase
El organismo mejora cuando percibe que puede adaptarse y protege cuando percibe que necesita sobrevivir.
La idea más importante
Toda la biomecánica puede entenderse como un equilibrio dinámico entre adaptación y protección.
Ninguna de las dos es buena o mala por sí misma.
Las dos son imprescindibles.
Sin protección no sobreviviríamos.
Sin adaptación dejaríamos de evolucionar.
La salud aparece cuando el organismo puede alternar ambas estrategias según lo que necesita en cada momento.
No permaneciendo siempre alerta.
Ni buscando mejorar continuamente.
Sino sabiendo cuándo hacer una cosa y cuándo hacer la otra.
Una pregunta para reflexionar
Piensa en el momento vital en el que te encuentras ahora mismo.
¿Tu cuerpo está invirtiendo la mayor parte de su energía en adaptarse… o en protegerse?
En el próximo artículo…
Hasta ahora hemos hablado del organismo como un sistema extraordinariamente inteligente.
Pero existe una característica que resume todo lo que hemos aprendido y que, paradójicamente, pocas veces valoramos.
La resiliencia biológica.
¿Por qué el cuerpo es capaz de recuperarse de lesiones, aprender nuevas habilidades y seguir adaptándose incluso después de años de inactividad?
¿Dónde están realmente sus límites?
¿Y por qué, muchas veces, subestimamos la capacidad que tiene nuestro organismo para volver a cambiar?
En el próximo capítulo descubriremos que el cuerpo humano posee una cualidad extraordinaria: nunca deja completamente de aprender.