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ARTÍCULO 14 El equilibrio no consiste en quedarse quieto

1 de julio de 2026 por
JAVIER SALINERO MARTÍN

Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN

"La estabilidad no nace de la inmovilidad. Nace de la capacidad para adaptarse continuamente."

"Qué buen equilibrio tiene"

Cuando vemos a un gimnasta sobre una barra o a un corredor descendiendo por un sendero técnico, solemos pensar lo mismo.

Tiene un equilibrio extraordinario.

Y nuestra imaginación nos hace creer que esa persona permanece completamente estable.

La realidad es justo la contraria.

Si pudiéramos observar su cuerpo con instrumentos de alta precisión descubriríamos algo sorprendente.

Nunca deja de moverse.

Su tobillo realiza pequeñas correcciones.

Los dedos cambian constantemente la presión sobre el suelo.

Las rodillas ajustan su posición.

La pelvis oscila ligeramente.

Los ojos buscan referencias.

La respiración modifica el tono muscular.

Todo el organismo está trabajando.

El equilibrio no es ausencia de movimiento.

Es movimiento perfectamente organizado.

Caerse un poco para no caerse

Puede parecer una contradicción.

Pero para mantenernos de pie necesitamos perder el equilibrio continuamente.

Cada pequeña oscilación obliga al cerebro a calcular.

Comparar.

Corregir.

Volver a calcular.

Y repetir ese proceso una y otra vez.

Miles de veces cada minuto.

No luchamos contra la gravedad.

Dialogamos con ella.

Cada balanceo es una conversación entre el cuerpo y el entorno.

El director de una gran orquesta

Imagina una orquesta sinfónica.

Cada músico interpreta un instrumento diferente.

Sin embargo, todos siguen al mismo director.

En nuestro cuerpo ocurre algo parecido.

Los pies informan sobre el terreno.

Los ojos indican dónde estamos.

El sistema vestibular detecta los movimientos de la cabeza.

Los músculos y las articulaciones comunican cómo cambia nuestra postura.

La respiración modifica el tono del tronco.

Incluso el estado emocional influye en la estrategia que utiliza el sistema nervioso.

El cerebro recibe toda esa información.

La compara.

La integra.

Y decide qué pequeños ajustes necesita realizar.

No existe un único responsable del equilibrio.

Existe una coordinación extraordinaria entre múltiples sistemas.

Por eso, cuando uno de esos "músicos" desafina, el resto intenta mantener la armonía.

Rigidez no significa estabilidad

Muchas personas reaccionan al miedo haciendo exactamente lo contrario de lo que el cuerpo necesita.

Se ponen rígidas.

Bloquean las rodillas.

Aprietan los dedos.

Contienen la respiración.

Tensan los hombros.

Desde fuera parece una postura firme.

Pero biomecánicamente ocurre otra cosa.

Un cuerpo excesivamente rígido pierde capacidad para adaptarse.

Y cuando el terreno cambia, responde peor.

La verdadera estabilidad necesita movimiento.

Porque solo quien puede moverse tiene capacidad para corregirse.

¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?

Muchísimo.

Cada irregularidad del terreno supone una pregunta para el sistema nervioso.

¿Debo desplazar un poco el peso?

¿Necesito activar más el dedo gordo?

¿Tengo que estabilizar el tobillo?

Cuando el pie puede percibir mejor esas pequeñas variaciones, el cerebro dispone de más información para realizar ajustes finos.

Eso no significa que todas las personas deban caminar descalzas o utilizar siempre un calzado minimalista.

Significa que la información sensorial es una parte importante del equilibrio.

Y un pie que puede participar activamente suele ofrecer más recursos al sistema nervioso para organizar el movimiento.

Lo que veo cada día en consulta

Hay pacientes que llegan convencidos de que necesitan fortalecer únicamente los músculos.

Sin embargo, cuando comenzamos a trabajar el equilibrio descubren algo inesperado.

No falta fuerza.

Falta confianza.

Falta precisión.

Falta comunicación entre los diferentes sistemas que organizan la postura.

Muchas veces no entrenamos para que el cuerpo se mueva menos.

Entrenamos para que sea capaz de realizar mejores correcciones.

Y eso cambia por completo la forma de entender la rehabilitación.

Qué puedes hacer desde hoy

La próxima vez que permanezcas de pie, no intentes quedarte completamente inmóvil.

Observa.

Siente cómo el cuerpo realiza pequeños ajustes.

Cómo los dedos cambian la presión.

Cómo el tobillo oscila unos milímetros.

Cómo la respiración modifica ligeramente tu postura.

Descubrirás algo fascinante.

Estar de pie ya es una forma de movimiento.

🔬 En una frase

El equilibrio no consiste en eliminar las oscilaciones. Consiste en corregirlas antes de que se conviertan en una caída.

La idea más importante

El cuerpo no busca permanecer inmóvil.

Busca conservar la capacidad de adaptarse a cualquier cambio del entorno.

Por eso las personas con mejor equilibrio no son las más rígidas.

Son las que realizan miles de pequeñas correcciones de forma tan eficiente que apenas llegamos a percibirlas.

Moverse bien no significa moverse menos.

Significa responder mejor.

Una pregunta para reflexionar

Cuando piensas en el equilibrio...

¿Intentas mantenerte completamente quieto... o permites que tu cuerpo haga los pequeños ajustes que necesita para mantenerse estable?

En el próximo artículo…

Hasta ahora hemos hablado del movimiento como una herramienta para adaptarnos.

Pero existe una estructura de la que apenas hemos hablado y que participa en absolutamente todos los pasos que damos.

La fascia.

Durante años se dijo que era simplemente un tejido que envolvía los músculos.

Hoy sabemos que también participa en la transmisión de fuerzas, en la percepción del movimiento y, probablemente, en la forma en que el cuerpo distribuye las tensiones.

Descubriremos por qué la fascia no es una "envoltura", sino una auténtica red de comunicación mecánica entre todas las partes del organismo.

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