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ARTÍCULO 12 Caminar no es un reflejo. Es una habilidad que tu cerebro ha aprendido.

29 de junio de 2026 por
JAVIER SALINERO MARTÍN

Podólogo · Especialista en Biomecánica · Fundador de VOLKAN

"Nadie nace sabiendo caminar. Y esa es una de las mejores noticias para quien quiere volver a moverse mejor."

El primer gran reto de nuestra vida

Piensa en un bebé cuando intenta ponerse de pie por primera vez.

Se cae.

Lo intenta otra vez.

Da un paso.

Pierde el equilibrio.

Vuelve a levantarse.

Y repite ese proceso cientos de veces.

Nadie le enseña dónde colocar exactamente cada pie.

No existe un manual.

Su cerebro aprende observando el resultado de cada intento.

Cada caída es información.

Cada pequeño éxito también.

Poco a poco, el sistema nervioso descubre cuál es la mejor estrategia para mantener el equilibrio y avanzar.

Caminar no aparece de repente.

Se construye.

El cerebro aprende haciendo

Existe una idea muy importante que pocas veces explicamos.

El cerebro no aprende únicamente porque alguien le dé información.

Aprende, sobre todo, porque vive experiencias.

Cada paso modifica las conexiones entre las neuronas.

Cada terreno diferente aporta nuevos datos.

Cada pequeño desequilibrio obliga al sistema nervioso a encontrar soluciones.

Aprender a caminar es, en realidad, un proceso continuo de prueba, error y adaptación.

Y nunca termina.

Lo que aprendemos... también podemos desaprender

Con el paso de los años aparecen lesiones.

Dolor.

Cirugías.

Fracturas.

Inmovilizaciones.

Estrés.

Miedo a volver a lesionarnos.

Y el cerebro hace exactamente lo mismo que hacía cuando éramos bebés.

Aprende.

Solo que ahora aprende estrategias diferentes.

A veces empezamos a cargar más una pierna.

O evitamos apoyar una parte del pie.

O caminamos más rígidos.

Al principio esas estrategias pueden ser útiles.

El problema aparece cuando permanecen incluso después de que hayan dejado de ser necesarias.

El cuerpo sigue moviéndose.

Pero lo hace utilizando un programa antiguo.

La plasticidad: la gran aliada del movimiento

Una de las características más fascinantes del sistema nervioso es su capacidad para cambiar.

A esto lo llamamos plasticidad.

No significa que el cerebro pueda hacerlo todo.

Significa que conserva la capacidad de reorganizarse cuando recibe los estímulos adecuados.

Eso explica por qué una persona puede mejorar su equilibrio a los setenta años.

Por qué un deportista puede perfeccionar su técnica.

O por qué alguien puede recuperar una forma de caminar más eficiente después de una lesión.

El movimiento también se entrena.

Y el cerebro aprende durante toda la vida.

¿Qué tiene que ver esto con el barefoot?

Muchísimo.

Cambiar de calzado no consiste únicamente en modificar la forma en la que apoyan los pies.

También supone ofrecer al sistema nervioso una información distinta.

El pie percibe más.

Los músculos participan de otra manera.

Los dedos vuelven a colaborar.

El cerebro recibe nuevos estímulos.

Y necesita tiempo para interpretarlos y construir estrategias más eficientes.

Por eso la adaptación al barefoot no es solo muscular.

Es también un proceso de aprendizaje motor.

El cuerpo necesita practicar.

Explorar.

Equivocarse.

Y volver a intentarlo.

Exactamente igual que hizo cuando aprendió a caminar.

Lo que veo cada día en consulta

Muchas personas llegan convencidas de que "siempre han caminado así".

Como si esa frase significara que no existe posibilidad de cambio.

Sin embargo, después de unas semanas de trabajo, descubren que su equilibrio mejora.

Que utilizan mejor los dedos.

Que apoyan el pie de otra manera.

Que se sienten más estables.

No porque hayamos cambiado sus huesos.

Sino porque el sistema nervioso ha aprendido una estrategia diferente.

Y pocas cosas son tan gratificantes como ver a alguien recuperar la confianza en su propio movimiento.

Qué puedes hacer desde hoy

Empieza a observar cómo caminas.

No para corregirte continuamente.

Sino para descubrir.

Prueba caminos diferentes.

Camina sobre césped.

Sobre arena.

Sobre tierra.

Sobre superficies con distintas texturas, siempre que sea seguro hacerlo.

Cada experiencia aporta información.

Y el cerebro aprende precisamente gracias a esa variedad.

El movimiento necesita desafíos, no monotonía.

🔬 En una frase

Cada paso enseña algo al cerebro. La calidad de ese aprendizaje influye en la forma en que nos moveremos mañana.

La idea más importante

El movimiento no está escrito en piedra.

Es una habilidad viva.

El sistema nervioso la modifica constantemente en función de la información que recibe y de las experiencias que vivimos.

Por eso nunca es demasiado tarde para mejorar la forma de caminar.

Mientras exista capacidad de aprender, existe capacidad de cambiar.

Una pregunta para reflexionar

Piensa en cómo caminas hoy.

¿Es realmente la única manera en la que tu cuerpo puede moverse... o simplemente es la estrategia que tu cerebro ha aprendido hasta ahora?

En el próximo artículo…

Llevamos varios capítulos hablando del cerebro como el gran organizador del movimiento.

Pero todavía no hemos hablado de uno de los sentidos más olvidados.

Y, probablemente, uno de los más importantes.

La propiocepción.

¿Cómo sabe tu cerebro dónde está tu pie si no lo estás mirando?

¿Cómo puedes caminar en la oscuridad sin perder el equilibrio?

¿Y por qué una lesión puede hacer que un tobillo deje de sentirse "seguro" aunque ya no duela?

En el siguiente capítulo descubriremos que existe un sentido del que casi nadie habla, pero que determina la calidad de cada paso que damos.

ARTÍCULO 11 El dolor no siempre refleja el daño. Refleja lo que el cerebro necesita proteger.